Saturday, November 07, 2009

Semana 09/12.11.09.

La mayor probabilidad indica que continuará el 'paro'.
Luego, se acabará con los casos pendientes en el período de dos horas de cada curso.

Saturday, October 31, 2009

Semana 02/05.11.09.

Se consignarán las notas obtenidas en las últimas evaluaciones.
Se calculará el promedio semestral y anual.
Es deseable que cada alumno esté presente durante este proceso.
De continuar el 'paro', esta actividad se desarrollará el 04.11.09 para los cursos 4°D y 4°N.

Al curso 4°M le será aplicada una prueba de coeficiente dos, en el aula el 05.11.09.

Saturday, October 24, 2009

Semana 25/29.10.09.

Si continúa el 'paro' de los profesores, se aplicará igualmente una prueba de coeficiente dos, en el aula, en el período de dos horas, como está planificado.

Friday, October 16, 2009

Semana 19/22.10.09.

Se han efectuado cambios importantes, dándole libertad al alumno para subir, mantener o bajar su nem:

Esta semana habrá una evaluación en el aula, pudiendo el alumno elegir entre el texto 08, acerca de economía, y el texto 09, acerca de física cuántica.

La semana subsiguiente habrá, en el aula, una última prueba, de coeficiente dos.
Se han reducido al mínimo los contenidos en favor de los objetivos, de modo que será suficiente que Ud. tenga a mano el texto 01. (No obstante Ud. puede mantener el contenido programado inicialmente: F. Nietzsche: Genealogía de la Moral.)

Si está Ud. en una fase autodestructiva,la ausencia de notas será resuelta con la consignación de la nota más baja de cada curso para calcular su promedio.

Texto 08.

Profesor: Jorge Henríquez M.
Asignatura: Filosofía.
Contenido: Texto 08:
¡Cuidado con la Economía!
C. Raczynski entrevista a Renato Espoz.

“La economía es nuestro destino”, dijo hace unas décadas un gran empresario europeo. Hoy muchos parecen suscribir esta afirmación. Vivimos en un mundo en que la economía erigida en cencia es, a juicio de varias personas, la mejor herramienta para solucionar diversos problemas, desde la pobreza, el subdesarrollo, hasta el arte y la cultrura, en sus diferentes manifestaciones.
¡Cuidado con la economía!, responde a éstos Renato Espoz, del Departamento de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, quien argumenta que detrás de los conceptos de economía, riqueza,mercado u otros, prevalece una visión del hombre y de la naturaleza que corresponde a visiones cristianas calvinistas y que nada tiene que ver con la tradición cristiana hispanoamericana.

Hace aproximadamente dos años, reafirmando lo dicho en su libro Un conflicto en el origen de la ciencia: Copérnico u Osiander, sostuvo que la obra de Copérnico, a la muerte de éste, fue objeto de una alteración. Los seguidores de Lutero, encabezados por Osiander, alteraron el prefacio dando otro sentido a toda la obra y visión científica copernicana.
Este año se cumple el aniversario 550 de la muerte de Copérnico y de esta falsificación. Este investigador ha avanzado con pasos agigantados en su examen sobre las consecuencias actuales de este fraude, estudio que pronto será entregado para su publicación.

“Este año conmemoramos 550 años de la muerte de Copérnico y de la publicación del libro De la Revolución de las Esferas Celestes, una falsificación hecha por un grupo de luteranos audaces del trabajo de Copérnico. Mal podríamos celebrar estos hechos, porque el engaño enterró el proyecto original de conocimiento del universo y el camino humano de perfeccionamiento moral que se había desarrollado durante quince siglos en el occidente latino. Con la tergiversación terminó este proyecto”, afirma este profesor.

-¿Podría recordarnos someramente los hechos y cómo ellos pasaron a ser la historia oficial de la ciencia?
-Andreas Osiander, predicador luterano de Nürenberg, publicó el libro. Agregó una carta dirigida “Al Lector” que no firmó, eliminó el Prólogo al Libro I y alrededor de 40 páginas del trabajo original de Copérnico. Este no pudo protestar por la falsificación, porque murió a las primeras horas de recibir los primeros ejemplares. Algunos amigos protestaron, el obispo Giese demandó a Osiander en los tribunales por la falsificación; Kepler y Galileo también lo hicieron. Pero todo fue en vano, el libro tergiversado pasó a la historia como la obra original de Copérnico. Los manuscritos también desaparecieron; fueron encontrados a fines del siglo pasado. La pregunta que surge de inmediato es: ¿Por qué los luteranos falsificaron la obra de Copérnico? Porque el trabajo de Copérnico amenazaba el ideario religioso de Martin Lutero, especialmente la interpretación literal de las Sagradas Escrituras y la interpretación del hombre fundada en su concepción del pecado orginal- La Biblia dice: “Josué mandó detenerse al Sol”; en la interpretación literal el Sol es el que se mueve. Copérnico propone el movimiento de la Tierra como real y verdadero. No hay conciliación posible. Lutero reaccionó de inmediato y llamó a Copérnico el loco que quiere transformar toda la astronomía; también Calvino lo condenó en Ginebra. Si es verdad el movimiento de la Tierra, es falsa la afirmación de la Biblia, el cristianismo se desmorona. Las dos afirmaciones son incompatibles. Osiander resolvió el problema de manera astuta. En la “Carta al lector” le dice a éste cómo debe leer el libro: es una hipótesis y las hipótesis son invenciones de la imaginación para facilitarnos los cálculos y nunca pueden ser verdaderas ni reales. No olvidemos que la iglesia Católica instó a Copérnico a publicar sus trabajos para que fueran conocidos, porque ella interpretaba alegóricamente las Escrituras y el trabajo de Copérnico se insertaba en su proyecto filosófico teológico.

Esto nos lleva al segundo nivel del conflicto: la concepción del hombre. Copérnico hacía filosofía, astronomía con el fin de conocer a Dios por medio del estudio del Universo. El hombre podía conocer y perfeccionarse a través de sus obras. En cambio, Lutero creía que después del pecado original el hombre había perdido la capacidad de conocer y el libre albedrío no puede elegir el bien ni el mal. No puede conocer, a menos que se lo revele la divinidad, como dice Osiander en su carta, y la salvación depende de la gracia.
En la visión protestante, el hombre es un ser que después del pecado original ha perdido sus facultades naturales, por lo que no puede conocer ni perfeccionarse moralmente. También la naturaleza ha quedado corrompida y no es susceptible de ser conocida. El proyecto de conocer a Dios por medio de su obra, que era la tarea del hombre después del pecado original en la tradición católica, es imposible. Todo se reduce a hipótesis inventadas, jamás el hombre podrá conocer nada verdadero ni real, como dice Osiander en su prefacio. El propuso una solución para salvar el sistema luterano, el que se transformó en el método científico.

-¿Qué consecuencia ha tenido todo esto?
- Mi trabajo no es un estudio histórico. El análisis nos permite comprender por qué en nuestra cultura la ciencia, la tecnología y la economía, han logrado ocupar un lugar tan predominante, y por qué es un error grave considerarlas antagónicas a la religión. Especialmente es necesario reconsiderar la llamada ciencia económica en sus conexiones con la religión. El fundador de la ciencia económica, Adam Smith, es un profesor de moral cristiana calvinista en una sociedad calvinista. No está solo pertenece a una comunidad con un proyecto religioso, científico, económico, político y educativo elaborado por Calvino y sus colaboradores. Mi profesión inicial era economista. Comencé por la búsqueda de un sistema económico adecuado a nuestra realidad. En este camino adquirí el oficio de filósofo que me llevó a estudiar el origen y la estructura básica de la ciencia económica, en vistas de su posibilidad de aplicación en Hispanoamérica. Con sorpresa, encontré que el sistema y el método experimental de Newton fundamentaba la ciencia económica. Era necesario examinar los fundamentos de la filosofía natural, de la ciencia, los cuales eran religiosos tanto para los católicos, como Copérnico y Galileo, y como para los protestantes, como Newton y Smith.
Copérnico se inserta en la tradición de quince siglos de filosofía crsitiana latina que desarrolló la divisa de San Pablo: “Lo invisible de Dios se puede conocer por medio de la observación inteligente de lo visible, de la creación”. Este filósofo es sólo uno de los moentos culminantes de esta línea de pensamiento, que prosigue con Galileo y Kepler y que aparentemente termina ahí.
Con la falsificación se manifiesta un quiebre enorme en la crsitiandad. Osiander propone la ciencia como una actividad independiente de la religión, sin ningún valor cognoscitivo. La Iglesia Católica, sesenta años después de haber aprobado a Copernico, por razones políticas condena a Galileo asumiendo algunas doctrinas de Lutero. En la historia oficial construida por los anglosajones se presentará a Galileo como el mártir de la ciencia en manos de la Iglesia Católica que persigue el pensamiento libre y es oscurantista.

-¿Y qué proyecciones posteriores tiene esta falsificación?
-Esta corriente, que afirma que la ciencia es perseguida y contraria a la dogmática de la Iglesia Católica, es desarrollada fuertemente en la Inglaterra puritana del siglo XVII , bastante influida por el calvinismo. La ciencia experimental fue una tarea religiosa, para aumentar el control sobre la naturaleza y para glorificar a Dios. Es interesante estudiar este punto porque surge el proyecto puritano justo cuando la iglesia condena a Galileo y los puritanos se encargan de consagrarla como enemiga de la ciencia y de la filosofía. No son los ateos ni librepensadores los que declaran que la Iglesia persigue a la ciencia, sino cristianos de una facción específica.
En 1642 muere Galileo y nace Newton. La actividad científica se traslada de los países católicos a los países protestantes calvinistas. Los puritanos retoman ciertos principios teológicos dejados de lado por el catolicismo y los insertan en un sistema básicamente diferente. El fin de ella es la gloria de Dios y el alivio de la situación humana. La integración de los valores religiosos y los valores de los científicos modernos nos queda plenamente evidenciada por el hecho de que muchos de los principales científicos y matemáticos de la época eran también clérigos. Newton era un asiduo estudiante de teología. Boyle gastaba una fortuna traduciendo la Biblia a otros idiomas. Todos ellos creen que la cienca busca “la glorificación de Dios y el Bienestar del Hombre”.

-¿Qué pasa con el proyecto de conocimiento y de perfección moral?
- El puritanismo es en cierta medida un derivado del calvinismo. La doctrina de Calvino está a medio camino entre la de Lutero y la original de la Iglesia Católica.. Calvino afirma que el hombre puede, a pesar de haber quedado corrompido después del pecado original, tener un conocimiento suficiente, aunque nunca alcanzará la verdad ni el conocimiento de Dios. Para Calvino, el Universo también está afectado por el pecado original, está corrompido, pierde la dignidad que le daba la tradición latina. Calvino piensa que el hombre es el lugarteniente de Dios encargado de dominar y explotar el mundo en vista de la comunidad de los elegidos. El puritanismo eliminó las restricciones religiosas católico-anglicanas y en su reemplazo plantó las propias La disciplina se impuso en todas partes y su ascética intramundana fue absoluta. El mundo debía ser conquistado y controlado por acción directa de la comunidad de los elegidos. Esta compulsión ascética se extendió a todas las esferas de la vida. Así, la naturaleza de un camino hacia el conocimiento y perfección moral pasa a ser el medio para conquistar el bienestar y la prosperidad de la comunidad de los elegidos, especialmente de os que hacen ciencia y tecnología.
En cuanto al progreso moral del hombre, no es posible, porque Dios desde la eternidad ha predestinadoa los hombres a la salvación o condenación eterna. El hombre es nada ante la soberanía de Dios. Es la teoría de la predestinación. Dios gobierna y administra directamente la naturaleza y el género humano. Estas concepciones son las que van a dar la estructura fundamentala a la economía.

-¿Concretamente qué sucede en la Inglaterra puritana?
-Digamos, mejor, Gran Bretaña; reúne los reinos de Inglaterra y Escocia. Allí es donde la ciencia se desarrolla en forma orgánica y adquiere relevancia social, según los historiadores oficiales de la ciencia. Antes era una actividad errática y los científicos no tenían un lugar en la sociedad. Crean en esos años la Royal Society. Es curioso que de los 10 miembros del Colegio Invisible, nueve son puritanos, y de los 42 miembros fundadores de que se tiene noticia, de un total de 68, todos son puritanos, y entre ellos había muchos clérigos puritanos. Es raro, más aún si consideramos que los puritanos eran una minoría e la población total de Gran Bretaña. Posteriormente ellos fundan la primera publicación científica: Philosophical Transactions y establecen el sistema de evaluación y de árbitros. Uno se pregunta si este sistema evaluó sólo los conocimientos científicos, y la respuesta es que no. En manos de fanáticos religiosos, difícilmnete podían desconocerse las cuestiones religiosas; lo más probable es que censuraran a los que representaban otras posiciones filosóficas religiosas. Es lo que sucedió con David Hume, un calvinista heterodoxo, rechazado por sus pares, y que no pudo jamás enseñar en una universidad de su país por el fanatismo religioso de su época, según cuenta su biógrafo. Es importante tenerlo presente, porque Hume y Smith fueron amigos, coetáneos, y Smith fue el censor de uno de sus trabajos que no pudo publicarse hasta después de su muerte.
El proyecto anglosajón queda consagrado en la persona de Newton. El esquema anterior, el de Copérnico, el de Galileo y los quince siglos que lo hicieron posible no existen. La historia oficial establece que la ciencia y tecnología dejan de ser un movimiento errático y de descubrimientos ocasionales en el siglo xvii. El epitafio para la tumba de Newton en la Abadía de Westminster es un excelente testimonio: “La Naturaleza y las leyes naturales yacían ocultas en la oscuridad; dijo Dios ‘Sea Newton’, y todo fue luz”. Todo esto no es producto de la generación espontánea. Sus antecedentes están profundamente arraigados en la fe viva de los puritanos que quieren transformar todo.

-¿Cómo explican los historiadores sociales este auge de la ciencia en los países protestantes?
-Por tres razones. La primera es la búsqueda del pensamiento libre, la libertad por la cual no aceptan ningún dogma.En la práctica, no aceptan los de la Iglesia Católica, pero sí asumen su propio ideario religioso, y no discuten ni cuestionan sus dogmas básicos. La segunda,para los calvinistas la ciencia y la tecnología se transforman en actividad religiosa, porque ellos aceptan la predestinación.. El hombre está desde la eternidad destinado a la vida o la muerte; es desde siempre un elegido o un condenado por Dios. Situación que no se puede alterar ni con el buen obrar ni con las buenas intenciones. Sólo está el inconmovible y arcano decreto de Dios que es justísimo. El puritano vive en la angustia existencial de llegar a saber si fue elegido o condenado. A partir de esta situación terrible para el creyente se desarrolla una teología de las señales que permitan saber si es un elegido. Por eso, los puritanos, a pesar de que el obrar no importa, viven en la búsqueda de señales que se dan en el obrar, en la acción, en un ascetismo intramundano que rechaza el ascetismo monástico que tenía como objetivo conquistar la perfección. La señal de Dios va a estar en el trabajo del hombre, que es una manera de participar en la obra de Dios. En la medida que se tenga éxito, el beneficio para sí y para la comunidad de los elegidos y prosperidad, es signo de salvación. La riqueza no es sólo un fin material, sino también religioso. En las actividades donde mejor se puede lograr esto es en la ciencia y en la tecnología. Ello explica que los puritanos busquen el éxito personal y de su comunidad en el bienestar y prosperidad que trae el desarrollo científico-tecnológico. Desarrollaron la ciencia y tecnología bajo este signo: la conquista de bienestar, de logros en los cuales se manifieste el éxito, bendición de Dios, que será señal de ser un elegido y estar destinado a la salvación. La tercera razón, el acuerdo entre la concepción de orden natural de la teología calvinista y los de la ciencia moderna. También el universo está predeterminado desde siempre por Dios. Todo lo gobierna y administra directamente, lo natural y lo humano.
Es muy importante considerar esto, porque de esta visión emana la concepción de economía que impera hoy en día. Ella está mucho más emparentada con la visión calvinista que con aquella que hunde sus raíces en la antigua tradición cristiana latina.

-¿Constituye esto, en cierta forma, un determinismo mecanicista?
- Se ha argumentado mucho en este sentido. Durante ese período, el sistema físico-teológico de Newton se aceptó universalmente en los círculos intelectuales, porque se habían hecho explícitos los rasgos congruentes de la revolución científica y de la reforma calvinista. La predestinación debe considerarse, desde su punto de vista, como un hecho de las ciencias naturales, como el principio supremo sobre el que está fundado el universo. Los decretos de Dios son las leyes de la naturaleza, de modo que la predestinación era la base del determinismo mecanicista. Pienso que no es adecuada la expresión determinismo mecanicista, porque Calvino rechaza la concepción de la naturaleza como una máquina que produce todas las cosas, defendida por Copérnico y Galileo, porque cree que en todo momento Dios dirige y gobierna todos los procesos naturales y humanos. Se trata, por lo tanto, más bien de un voluntarismo. Es muy importante esta diferenciación.

¿Podría detallar esto en el caso de la economía?
- Adam Smith, fundador de la ciencia económica y de la Royal Society de Edimburgo, es un miembro de la Iglesia Nacional Escocesa que es calvinista y vive en una sociedad de fanáticos religiosos. Fue profesor de moral en la Universidad Confesional de Glasgow. No es un exiliado cósmico de ningún tiempo y de ningún lugar. Para ingresar a esa casa de estudios tuvo que hacer un juramento ante el presbiterio y firmar una confesión de fe. El juramento lo obligaba a no retirarse hasta los 60 años de la Universidad, convirtiéndose en una especie de oficial de la iglesia calvinista. Es uno de los miembros destacados de la ilustración escocesa. No es el triunfo de la razón lo que prima en esta época, sino una corriente fuertemente religiosa. La Ilustración fue una revolución burguesa desde el punto de vista político y desde el punto de vista religioso fue la revolución calvinista contra el dogma y la ética de la Iglesia Católica.
Este profesor de moral y militante calvinista crea la ciencia económica que impera hasta hoy en su estructura básica. Se ha dicho que la ciencia la crea porque la separa de la moral y la constituye en un campo autónomo. Unos hablan que la economía se aleja de la moral, otros que es antimoral o amoral. Acaba de salir en Estados Unidos un libro que se llama El error de adam Smith. Cómo un filósofo moral inventa la economía y termina con toda moralidad. Pienso que es muy difícil que un profesor de moral calvinista tenga una actitud tan hostil contra la moral y sus creencias. Si así fuera, la creación de Smith es una paradoja. Mejor es aceptar su anticatolicismo explícito. En La Riquez de las Naciones, Adam Smith califica a la filosofía moral católica y, en parte, a la filosofía tradicional anglicana, como la moral corrompida porque da una serie de normas por la cuales el hombre por medio de su obrar puede lograr la salvación. Esto Smith lo considera corrompido porque él cree en la predestinación. Lo interesante es entender que Smith es moralista y crea la economía como la moral calvinista, o mejor dicho, piensa que la economía es la nueva moral moderna, que consagra la transposición de las virtudes cristianas hecha por los puritanos y consagra el nuevo sistema de valores que está surgiendo en la Gran Bretaña puritana
Smith es el moralista que da expresión teórica al nuevo credo que transformó la adquisición de riquezas de un miserable esfuerzo en un deber religioso-moral. Smith dice que el fin del hombre y de la sociedad es buscar riquezas y esto lo justifica su fe. Ël cree que es señal de salvación y prueba de ser elegido de Dios. Esta es la moral, perdón, la economía que impera hoy.

-¿Qué consecuencias extrae usted de ello al analizar la economía desde esta perspectiva?
- Resulta que la economía no es una ciencia de valor universal sino una ciencia que exige una moral y una concepción religiosa específica. No es universal porque está restringida a un sistema de creeencias, de valores y exige e inpone a los hombres un comportamiento individual y social fijo. El sistema de creencias es el que vimos: la predestinación, el determinismo, la Providencia, es decir, la administración y gobierno del universo por parte de Dios. Todos ellos están en la base de la economía.. Los británicos de los siglos xvii y xviii transformaron el mundo desde una perspectiva netamente religiosa, siguiendo un plan común de amplia perspectiva y alcance, no meramente doctrinal, sino también político, económico, social y educacional elaborado por Calvino y sus seguidores, como lo dice un destacado profesor universitario calvinista contempráneo.
La otra consecuencia es que el orden natural que desarrolla la ciencia económica proviene de la vertiente calvinista. Acepta la soberanía absoluta de Dios sobre el hombre. De acuerdo con ella, el hombre predeterminado actúa en un universo determinado. Calvino afirmó que los bienes que los hombres poseen es por causa de la distribución divina. Dios da y quita según su consejo. Todo intento de cambiarla, según algunos teólogos actuales, es una rebelión teológica que atenta contra la soberanía de Dios y el orden social establecido por Él. Calvino, smith y estos teólogos contemporáneos dicen que la prosperidad y la pobreza son ambas de Dios, quien distribuye los bienes del mundo a su voluntad y sus decisiones no son para ser discutidas por los hombres pecadores. Esta es la razón por la cual la economía no ha desarrollado un cuerpo teórico que tenga como problema central la distribución y discuta el problema de la propiedad. Si la Providencia la otorga, es un derecho sagrado y, por lo tanto, inviolable.no se puede interferir ni siquiera en vista del bien común. Locke, otro calvinista, entiende que el Estado es la entidad que debe defender la propiedad entendida como algo dado por la Providencia antes de la existencia del Estado. Calvino y sus filósofos hablan del gobierno de Dios por medio de la imagen de la mano de Dios. Atribuyen directamente a la mano de Dios aquello que los filósofos herejes como Copérnico y Galileo otorgan a la naturaleza.. Esta mano de Dios en Adam Smith es la mano invisible que técnicamente se transforma en el mercado.

-Hoy se habla a menudo de mercado,oímos decir con frecuencia: es mejor dejar que operen las leyes del mercado. Sin embargo, me gustaría que explicara cómo llega usted a concluir que este mercado equivale a lo que Calvino llama la Providencia y Smith “la mano invisible”.
-Hay economistas que han dicho que la mano invisible técnicamente se transforma en el mecanismo del mercado. En el fondo lo que quieren decir es que hay una entidad que asigna los rcursos de la mejor manera posible y distribuye la riqueza sin ninguna intervención humana, sin ningún proyecto humano racional que busque el bien común. De esto se encarga el mercado.. Detrás de estas afirmaciones está siempre la idea que Dios gobierna y administra el género humano.La idea es que ‘a pesar de’ que cada uno puede estar motivado por el interés de la ganancia, de beneficiarse, que cada uno negocia por obtener el mayor beneficio o para hacer el mejor trato, por detrás de todo ello operará la ley de la economía de manera tal que quedarán satisfechos los mejores intereses de todos los involucrados y de la sociedad toda. Existe una armonía de intereses que vela por el interés de la comunidad. Adam Smith, para constituir la ciencia económica, se apoya en la doctrina de Calvino y en el sistema físico-teológico de Newton. Ambos son congruentes, como ya vimos. Traspasa el sistema de equilibrio dinámico y el método experimental al ámbito de la economía, considerando que la sociedad tiene un sistema de ajuste automático cuando opera con entera libertad el egoísmo, principio incitador, como expresión de la Providencia divina. Smith dice casi textualmente que los hombres son conducidos por una mano invisible que los hace distribuir las cosas necesarias de la vida. Sin que se lo propongan, ni lo sepan, promueven el interés de la sociedad, y agrega que la Providencia asigna la propiedad. En otro texto dice: Cada uno de los empresarios colabora de una manera necesaria en la obtención del ingreso anual máximo para la sociedad. Ninguno se propone promover el interés público, ni sabe que lo promueve, sólo piensa en su ganancia propia; pero en éste como en muchos otros casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no estaba en sus intenciones, no forma parte de sus propósitos, pues al perseguir su propio interés, promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios. Esta es la Providencia de Juan Calvino que gobierna y administra el género humano a su sola voluntad y que los economistas creen que es un mecanismo que ellos encontraron en la realidad social. Nosotros no tenemos nada que hacer, dejarnos administrar y gobernar. Realmente para creer en todo esto hay que tener mucha fe. Las escuelas de economía, hoy, son los mejores centros de divulgación de la moral y doctrina de Calvino.

-¿Qué pasa con Marx?
-Marx parte en El Capital con el problema de la unidad de medida, respondiendo que es el trabajo socialmente necesario. Para plantear este problema, debe aceptar la estructura que lo hace posible, con elllo se somete a la estructura fundamental de Smith. Para él existe un impedimento para que funcione el sistema físico-teológico: las clases sociales. Una vez eliminado éste, se puede suprimir hasta el Estado. También en el marxismo aparecen los elegidos: una clase social, el proletariado. Son los que tienen el sentido de la historia, tienene la autoridad moral y política y pueden conducir a la masa de los trabajadores y explotados hacia el triunfo del socialismo.

-¿Cree que después de la caída del marxismo nos encontramos en un momento crucial?
-No. La caída del marxismo es la primera señal de un acontecimiento más importante. El fin de la era del economicismo hedonista. Por dos siglos la economía ha sido un absoluto. Pero los fines económicos no coinciden con los fines humanos en gran parte del mundo. El término del imperialismo de lo económico será probabemente el acontecimiento más importante de lo que estamos viviendo. No olvidemos que el marxismo no cambia la estructura general de la economía, sólo es un intento de moralizarla y quitarle el impedimento, las clases sociales, para que funcione sin trabas su orden natural. En realidad, su intención de moralizar la economía es una tarea imposible. Es como proponer una moral para hacer más moral la moral.
La economía quiere transformar todo en negocio. El mercado es el mejor administrador en la libre competencia. Existe un problerma ideológico. Si las dificultades económicas son las más importantes del mundo actual, entonces los profesionales más importantes son los economistas. No será fácil desconvencerlos. Por el momento continuarenmos en la optimista fantasía de la expansión infinita.

-¿Cómo se ajustan estas creencias al ambiente latinoamericano de raigambre española y católica?
--Para funcionar en este sistema de creencias que es la economía tendríamos que abandonar prácticamente todas nuestras tradiciones culturales, religiosas y morales. Tenemos el imperativo de remover los sistemas tradicionales de todos los ámbitos de la vida. En el lenguaje de hoy se dice que debemos modernizarnos, lo cual tiene una alta valoración positiva y lo contrario es negativo. Se nos pide que abdiquemos de nuestra cultura a favor de un sistema restringido y de dudoso valor.. Un economista, teólogo y pastor calvinista actual dice que los problemas de subdesarrollo latinoamericano no tienen solución, si estos pueblos no adoptan la moral cristiana. ¿Es que no tuvimos influencia del cristianismo? El entiende la moral cristiana como la moral calvinista. En verdad esto es un desconocimiento y desprecio absoluto de lo que nosotros somos. Debemos abandonar nuestras tradiciones hispánicas, indígenas y católicas. Si uno piensa un poco, aquí no hay un ajuste, sino la eliminación total de nuestras tradiciones y formas de vida, con el fin de adoptar la forma de vida noreuropea-americana. Calvino, al proponer sus enseñanzas, no podía prever las consecuencias imprevistas de su doctrina, en manos de los puritanos británicos que convirtieron en ideología el cristianismo para su propio beneficio. Nunca deberíamos olvidar la advertencia de un famoso economista británico que dijo: “Nunca un economista inglés ha propuesto una medida a favor de la humanidad sino siempre a favor de Inglaterra.”

-¿Cuál es su posición frente a este dilema?
-Primero recuperar la autoestimación de lo que somos cultural y religiosamente. No tenemos que modernizarnos. Tenemos que expresar en un proyecto doctrinario, político, filosófico-científico, comunitario y económico nuestra forma de vida y el sistema de creencias y valores que la fundamenta.. Debemos para realizarlo, recuperar el proyecto de conocimiento y perfeccionamiento moral de nuestra tradición cristiano-latina, el proyecto de Copérnico y Galileo. Si aceptamos que podemos conocer y que tenemos capacidad de legir el bien y elmal, que somos responsables moralmente de nuestras acciones, entonces la sociedad es obra nuestra. Tenemos que proponermos un proyecto moral racional, político, social en vistas del bien común, que es responsabilidad da cada uno y de todos. Proponer un sistema justo que asegure por una distribución humana una vida digna, una familia estable, determinar un derecho razonable en lo que se refiere a la propiedad que es una institución humana que debe justificarse en vista del bien común. Debemos respetar a los pobres y rechazar la idea de la economía que ve con repugnancia toda teoría social, porque ve en los pobres el mal económico y financiero. El pobre, para los puritanos, era el castigado por Dios, el condenado. Ellos creen que la codicia es una amenaza para el alma, pero no es una amenaza tan seria como la pobreza, piensan en que la ley de Dios dice que aquel que no trabaja no come. Tenemos que asumir nuestra tradición para darle nuestro sentido a la riqueza, al éxito, a la pobreza y al fracaso. Nuestra teología no es una teología primitiva, mágica, sustentada en la moral de los esclavos, de los pobres y necesitados frente a la teología racional basada en la moral de lo elegidos, de los señores y de los propietarios, como ellos la califican.

-En cuanto alpensamiento propio, hispanoamericano, ¿se puede trazar una línea de reflexión a lo largo de la historia?
-Nuestra tradición se inserta en una línea muy amplia. Pertenecemos a la tradición de Copérnico, de Galileo, deberíamos retomarla, reconsiderar el objetivo original y en nuestra renovación subsumir los logros de los puritanos. En el pensamiento hispanoamericano podría ser un punto de partida Tomás de Mercado en el siglo xvi, el cual propuso la ley de oferta y demanda en relación con la cantidad de dinero, sin endiosarla ni creer que el mercado era la Providencia. Cree que el hombre tiene la facultad de conocer y libre arbitrio, piensa que cuando los hombres forman una sociedad, lo hacen para vivir todos juntos en mutuo provecho, a nadie agraviamos y a todos los beneficiamos. Es un moralista al igual que Smith. Su obra contiene aspectos religiosos, teológicos, filosóficos, políticos, sociales y económicos que son incompatibles con la moral puritana, o si se prefiere, con la ciencia económica moderna inglesa. Es un punto de partida Vives, humanista español, en la cuestión de la pobreza; es importante y no comparte la idea de que el mendigo sea un pecado contra Dios y contra la sociedad. Berkeley, filósofo inglés, propone que los mendigos sean dados en esclavitud por un tiempo. No debemos dejar de lado las tradiciones indígenas que determinan los comportamientos de millones de seres humanos en nuestro continente. Todo esto es un trabajo por hacer. No puedo responder con precisión su pregunta.

-¿Nos encontyramos, a su juicio, hoy en un momento de madurez para hacer esto? Existen graves problemas ecológicos y una cierta conciencia de que el mercado no soluciona todos los problemas. La modernidad pareciera en ciertos aspectos agotada.
-La modernidad está terminada. Ella no dio respuesta a los problemas de los hombres. Desarrolló la moral intramundana y nos ha dejado prisioneros de un sistema económico inhumano. A nosotros nos obliga a tener dos morales, una para vivir en el mundo y otra para realizar nuestros valores superiores. Tenemos que ganar dinero, vender nuestra vida a quien nos pague más para tener riqueza, porque de acuerdo con la lógica del puritanismo tenemos que tener y no ser. El hombre corriente que está volcado a tener, a ganar y competir al infinito, se entrega a un sistema que le exige su vida y no le permite desarrollarse humanamente. Las grandes masas no llegan a tener, por el orden del sistema, quedan marginadas y desesperanzadas. El tener éxito y riqueza es signo de los elegidos y éstos son muy pocos.
El mercado en nuestra realidad es un peligro y ha fracasado. Primero, nos está enajenando culturalmente y segundo, sus resultados son malos. Hoy los pobres de América Latina casi alcanzan el 50 % de la población [Esta entrevista fue realizada el 3 de Octubre de 1993. Hoy es 23 de Octubre de 2004.] El libre comercio sirve para que nuestros resursos se vayan al norte. Las ventajas comparativas, como el trabajo barato, por medio de contratistas que no pagan previsión, ni salud, que no dan estabilidad laboral y mantienen a nnuestros hombres en una condición miserable destruyendo familias nos ponen en situación de competir. El mercado no escucha a los pobres. La explotación irracional de los recursos para aumentar la riqueza nacional en la contabilidad, destruyéndola en la realidad, debe terminar.. También en nuestra tradición encontramos un concepto de naturaleza diferente, que permite otra manera de relación con la naturaleza, una relación de respeto en el uso de sus posibilidades. Esto puede abrir camino a una solución para superar los graves problemas actuales que trae el uso irracional de los recursos y los daños al medio ambiente.
Sin emargo, existen hoy en día diversos intentos de cambiar el concepto de economía. Se habla de adaptarla a las culturas, de una economía de la solidaridad.
Me parece que es la proposición del profesor Kolakowski a quien usted entrevistó hace algún tiempo en Hannover. Su afirmación de que la economía clásica y neoclásica británico-americana es ahistórica es muy oportuna en nuestro tiempo. Él ve que en la tradición económica alemana se abre una posibilidad, porque ella acepta el carácter histórico de la economía. Esta es una constante del pensamiento alemán, porque ellos comprenden la economía como la expresión teórica del sistema de creer. Es elemental estudiar las relaciones entre cultura y economía en vez de suponer que la economía neoclásica tiene un valor universal. Pone como ejemplo el caso de Rusia, donde los alemanes pueden evitar un desastre. En la Unión Soviética, los economistas neoclásicos quieren hacer una inculturación del libre mercado, sin considerar si la población está preparada para la competencia. Desgraciadamente, nosotros no tuvimos esta advertencia. Si miramos a nuestro país, nos damos cuenta de que hicieron la inculturación del libre mercado sin considerar la población ni la cultura. Una economía de la solidaridad en la estructura teórica actual es imposible, porque la economía está fundada teológica y prácticamente en la desigualdad.


Ed.16.10.09.
Ver original.

Texto 09.

Profesor: Jorge Henríquez M.
Asignatura: Filosofía.
Contenido: Texto 09: A. Baracca: Introducción al problema de los fundamentos de la mecánica cuántica.
Departamento de Física, Universidad de Florencia.

LA FORMULACION "ORTODOXA" Y SUS OPOSITORES
La formulación "ortodoxa" de la mecánica cuántica -llamada también la "interpretación de Copenhague"- marcó una ruptura profunda con respecto a las concepciones físicas tradicionales y al modo de concebir el mundo. Ya con la llamada "vieja teoría cuántica" (o sea los nuevos conceptos introducidos en la primera década de este siglo por Planck, Einstein, Nernst y otros) se había producido una primera superación radical del enfoque mecanicista y reduccionista que había dominado en la física del siglo precedente . Pero aquellos mismos conceptos y enfoque tan novedosos fueron a su vez literalmente trastornados por los fundadores de la formulación ortodoxa de la teoría (Bohr, Heisenberg, Born, Pauli, Jordan, Dirac y otros): en tal medida que muchos de los originarios "fundadores" se convirtieron en opositores de la mecánica cuántica. Es importante subrayar que esta oposición no sostenía que la teoría sea equivocada, sino que ella no puede ser la descripción completa y definitiva de los fenómenos atómicos y sub-atómicos: Einstein, de Broglie, Schrödinger criticaban el enfoque de base de la mecánica cuántica, sus elecciones a priori, sus implicaciones subjetivas. La característica basilar de la forma de pensar de estos físicos era el requisito de una descripción espacio-temporal de los procesos físicos, aunque ella ya no fuese de tipo mecanicista "clásico".
Al contrario Bohr afirmaba explícitamente lo contrario, por ejemplo:

...no se requiere ninguna descripción precisa del comportamiento espacio-temporal de los procesos . [1927]


i Véase por ejemplo mi escrito: A. Baracca, Las raíces de la revolución científica del siglo XX, Facultad de Física,
Universidad de La Habana, 1998.
ii N. Bohr, ed. Ital. Teoria dell´Atomo e Conoscenza Umana, Torino, 1961, p. 337.
iii N. Bohr, ibidem.
iv Véase por ejemplo mi escrito: A. Baracca, Las raíces de la revolución científica del siglo XX, Facultad de Física,
Universidad de La Habana, 1998.
Estamos aquí tan lejos de una descripción causal, que incluso se podría decir que un átomo en un estado estacionario tiene la posibilidad de elegir libremente entre varias transiciones posibles a otros estados estacionarios . [1929]

En Heisenberg se encuentran afirmaciones aún más subjetivistas:

...lo que observamos no es la naturaleza en sí, sino la naturaleza sometida a nuestro modo de interrogarla. [1958].

Dirac pone como premisa en su tratado de mecánica cuántica la necesidad de renunciar a los conceptos intuitivos de nuestra experiencia directa en el espacio y en el tiempo:
La tradición clásica consideraba el universo como una asociación de entidades observables en movimiento según leyes definidas de fuerzas, de modo de formarse un modelo mental en el espacio y en el tiempo...
Las leyes fundamentales gobiernan un substrato de que no podemos formarnos un modelo mental sin introducir inexactitudes. [Cursivas mías]

La reacción de Einstein en contra de estas tendencias e interpretaciones llega a ser sarcástica en una carta a Max Born de 1924:
La idea de que un electrón liberado por un rayo de luz pueda escoger a su antojo el instante y la dirección del vuelo me resulta intolerable. Si así resultara, finalmente preferiría haber sido zapatero, o incluso empleado de casino, antes que un físico . [Cursiva mía]

Por otro lado, Oskar Klein recuerda que Bohr "no podía resignarse al concepto Einsteniano del cuanto de luz" (cabe recordar que la prevención general ante este concepto permaneció muy radicada aún mucho después de la confirmación de las leyes del efecto fotoeléctrico por Millikan en 1916: contra lo que ingenuamente pudiera pensarse, el trabajo y los resultados de Planck del año 1900 fueron más aceptados ).

Schrödinger expresó puntos de vista semejantes, con consideraciones generales interesantes sobre las finalidades culturales de la ciencia:

El punto de vista de Bohr, según el cual una descripción espacio-temporal es imposible, lo rechazo al límite. La física no consiste solo en investigación atómica, la ciencia no solo en física y la vida no solo en ciencia. El objetivo de la investigación atómica es la integración de las respectivas experiencias en el pensamiento común. Este pensamiento común se desenvuelve en el espacio y en el tiempo en cuanto a que se refiere al mundo externo. Si no se logra la integración en el espacio y en el tiempo, entonces no se obtuvo el objetivo y uno no sabe qué objetivo se ha conseguido. [1926]

En efecto, Schrödinger formuló su ecuación como una teoría puramente ondulatoria, que debía tratar los aspectos ondulatorios de la materia en el espacio y en el tiempo, en términos continuos:


v En S, Rozental (Ed.), Niels Bohr, Amsterdam, North-Holland, 1967, p. 77.
vi Véase, por ejemplo, L. Navarro Verguillas, Einstein Profeta y Hereje, Tusquets, Barcelona, 1990, pp. 111-113.
vii Citado por K. von Meyenn, in AA. VV., El Siglo de la Física, (Edición de L. Navarro Verguillas); Tusquets, Barcelona, 1992, p. 233.
viii E. Schrödinger, Ann. Phys., 79, 361, 489 y 734 [Traducción al Inglés en G. Ludwig, Wave Mechanics, Pergamon Press, 1968]: en términos intuitivos esto se ve razonando en términos de estacionariedad de la onda asociada de Broglie para una partícula en un volumen finito, o en el estado fundamental de átomo de hidrógeno.
ix Véase el artículo de P. Forman y V.V. Raman, "Why was it Schrödinger who developed de Broglie´s ideas", Historical Studies in the Physical Sciences, 1, 291, 1969. En el año 1952 Schrödinger publicó un artículo con el título muy significativo: "Are there quantum jumps?". Heisenberg recuerda una anéctoda divertida: en 1926 Bohr invito a Schrödinger en Copenhague con la finalidad de convencerlo, con "discusiones infinitamente laboriosas" durante las cuales Schrödinger, que había caído enfermo, exclamó desesperado "Si no se puede prescindir de estos malditos saltos cuánticos, lamento de haberme aún ocupado de la teoría cuántica" [W. Heisenberg, in L. Rosenfeld y V. Weisskopf (Editors), Niels Bohr, Pergamon Press, 1955, p. 14; S. Rozental (Editors); Niels Bohr, North.Holland, 1967, p. 103]
x En efecto varios estudios han subrayado el influjo de corrientes de pensamiento irracionalistas y subjetivistas (Heidegger, Kirkegaard) sobre los físicos que formularon la mecánica cuántica: P. Forman: "Weimar culture, causality and quantum theory 1918-1927: adaptation by German physicists to a hostile intellectual environment", Historial Studies in the Physical Sciences, 3, 1, 1971 [Traducción al Español: Cultura en Weimar, Causalidad y Teoría Cuántica, 1918-1927: Adaptación de los Físicos y Matemáticos Alemanes a un entorno Intelectual Hostil, Alianza Editorial, Madrid, 1984]; L. Rosenfeld, Osiris, 2, 149, 1963; M. Jammer, The Conceptual Development of Quantum Mechanics, McGraw-Hill, 1966, pp. 166-180.
xi Citado por F. Rohrlich, "Las interacciones ciencia-sociedad a la luz de la mecánica cuántica y de su interpretación", En El Siglo de la Física, op. cit., p. 135.
xii E. Schrödinger, Naturwissenschaften 28, 807, 823 y 844 (1935), traducido al Inglés en J.A. Wheeler y W. Zurek, Quantum Theory of Measurement, Princeton University Press, 1983.

En este artículo quisiera mostrar en primer lugar en el caso más simple del átomo de hidrógeno, que la usual regla de cuantización puede ser remplazada por otra condición, en la que no se mencionan más "enteros". La propiedad integral sigue en cambio en el mismo modo natural en que el número de nudos de una cuerda vibrante tiene que ser entero. La nueva interpretación puede ser generalizada y, yo creo, centra mucho más en profundidad en la verdadera naturaleza de las reglas de cuantización.

El nunca aceptó la interpretación y la utilización que la mecánica cuántica ortodoxa hizo de su ecuación .

Mi opinión es que en efecto se operó una elección básica en la "formulación ortodoxa", de la mecánica cuántica ; la de limitar la estructura y la tarea de la teoría física a correlar hechos experimentales, resultados de mediciones, incluso renunciando a preguntarse lo que pasa en el sistema entre una medida y la siguiente, o sea renunciando a describir su evolución espacio-temporal. Bohr lo ha expresado a menudo de forma muy clara:

El objeto de nuestra descripción de la naturaleza no es tanto discernir la esencia real de los fenómenos como buscar y encontrar, hasta tan lejos como sea posible, relaciones entre los variados aspectos de nuestra experiencia. [1963: cursivas mías]

Una base probabilística para esta correlación apareció como una estructura mucho más flexible, eficaz, operativa en comparación con la búsqueda de una descripción de la evolución en términos espacio-temporales.

Sin embargo, tanto Schrödinger como (y sobre todo) Einstein no se limitaron a una crítica ideológica de la formulación ortodoxa, y buscaron situaciones físicas que llevasen a conclusiones paradoxales, de forma tal de demostrar el carácter incompleto de la tratación cuántica y la necesidad de completar dicha tratación con otros elementos que la volviesen en una descripción en términos de evolución espacio-temporal: es conocida la paradoja del "gato de Schrödinger" , mientras que Einstein en el mismo año 1935 formuló la "paradoja EPR", o sea de Einstein, Podolsky y Rosen . Einstein además propuso la idea de que existan "variables ocultas", cuya introducción completaría la tratación de la mecánica cuántica, eliminando así los aspectos insatisfacentes y recuperando una descripción física causal.

También es conocida la dificultad relacionada con el proceso de medición, o sea con el postulado de la así dicha "reducción" o "colapso de la función de onda"; o sea, si se mide una observable A de un sistema y se encuentra el valor ai, el sistema debe encontrarse en el estado |ai  del operador A. El problema surge si se intenta describir el proceso de medición mismo - o sea la interacción del sistema con el aparato de medición - con el formalismo de la mecánica cuántica: no se obtiene, en efecto, el colapso de la función de onda en el estado |ai.

En este escrito intentaré enfocar la naturaleza común de estos problemas, en su base formal, y discutir la peculiaridad de la mecánica cuántica, su intrínseco carácter non local, que hace de ella una teoría irreductible a un enfoque clásico. Sobre estos problemas ya la literatura es inmensa, y nos limitaremos a delinear algunos aspectos principales .

La paradoja del "gato de Schrödinger"

Empezaremos por la forma en que Schrödinger expresó su criítica a la formulación ortodoxa, porque es la más sugestiva (aún si está sujeta a fáciles objeciones) y hace entender de forma intuitiva cuál es el problema fundamental. El objetivo de Schrödinger es hacer una reducción ad absurdo con la mecánica cuántica.


xiii A. Einstein, B. Podolsky y N. Rosen, Phys Rev. 47, 477 (1935).
xiv Una referencia muy interesante, de que recomendamos la lectura, es el volumen colectivo, editado por L. Navarro Verguillas, que hemos citado en la nota 7, El Siglo de la Física, Barcelona, Tusquets, 1992: principalmente los artículos de S. Bergia, F. Rohrlich y K. von Meyenn.
El experimento teórico considera en un cuarto cerrado un gato en presencia de un núcleo radioactivo: si el núcleo decae, la partícula que emite dispara un dispositivo que abre una cápsula que contiene veneno y mata instantáneamente al gato. Suponemos que al gato se le pueda asociar un "estado", o sea de "gato vivo" o de "gato muerto": el estado del gato está correlado con el estado del núcleo inestable. Pero la emisión de la partícula sigue unas leyes probabilísticas: durante un cierto intervalo de tiempo hay una probabilidad determinada de que el núcleo haya decaído, y entonces el núcleo se encuentra en una superposición lineal de estados de "núcleo íntegro" y de "núcleo decaído", con coeficientes cuyo módulo al cuadrado corresponden a las respectivas probabilidades. Por lo tanto, el gato también se encontrará en una superposición de estados de "gato vivo" y de "gato muerto"
|Gato> = cv|vivo> + cm|muerto> (1)

Es sólo cuando el observador abre el cuarto y observa el gato, este "precipita" en el estado de "gato vivo" o bien en el de "gato muerto": es como si ¡el observador matara el gato, al observarlo! Schrödinger criticaba al mismo tiempo el carácter de la correlación que la mecánica cuántica establece, y el papel del observador en hacer una medida.

Una objeción obvia al razonamiento de Schrödinger es naturalmente el hecho de que él asigna al gato un "estado" cuántico: por lo menos el gato, en tanto que es un sistema microscópico, no es en un "estado puro" y no puede ser descrito por una función de onda, sino que se ha de describir en términos de una mezcla de estados, en el sentido de la mecánica estadística, o sea una "matriz densidad". Pero veremos que tampoco por esta vía es fácil salir de la dificultad.

La naturaleza de la correlación entre
dos sistemas cuánticos

De todos modos es fácil traducir la situación del gato y el núcleo inestable para dos sistemas macroscópicos: esta situación pondrá de manifiesto la naturaleza de la dificultad.

Consideremos entonces un sistema de dos cuerpos microscópicos preparado de forma tal que los estados de los dos cuerpos sean correlados. Por ejemplo, consideremos una partícula de espín 0 que decae en dos partículas de espín ½, tal como dos electrones, o un electrón y un positrón (un caso concreto es el positronio, otro es un mesón o que decae en dos fotones, quienes tienen sólo dos estados de polarización). Las dos partículas, aunque se alejen, antes de interactuar con otros sistemas, permanecen correlados de forma tal que susespínes tienen que estar orientados en direcciones opuestas: este estado del sistema de las dos partículas es bien conocido en mecánica cuántica, y es el "estado de singlete"

|0 = {|u+|v- - |u-|v+} (2)

Hay una primera cosa que subrayar en esta expresión: a ninguna de las dos partículas se le puede asignar un estado: en efecto, es fácil darse cuenta que el estado (2) del sistema compuesto no se puede expresar en forma de un producto de dos estados de las dos partículas {a+|u+ + a-|u->} {b+|v+ + b-|v-}. El ejemplo del gato expresaba de forma absurda esta propiedad.
Suponemos ahora que las dos partículas correladas en el estado (2) se alejen mucho la una de la otra. Ninguna de las dos se encuentra en un estado definido: entonces no podemos decir cuál será el valor de la proyección del espín de cada partícula en una dirección cualquiera. La situación se más bien parecida a la del gato: si hacemos una medida de la proyección del espín de cada partícula, encontraremos el 50 % de valores de espín hacia arriba, y el 50 % hacia abajo. Sin embargo, si medimos el espín de una de las dos partículas, también el espín de la otra resultará determinado, sin que hayamos interactuado en ninguna forma con ella. ¡Es como si una señal se haya propagado instantáneamente - o sea con velocidad infinita - de una partícula a la otra, llevando la información del valor de su espín!

La crítica de Einstein, Podolsky y Rosen

En la base de este ejemplo se puede entender también la esencia de la crítica de Einstein, Podolsky y Rosen. Los autores se preguntaban si la descripción del mundo que ofrece la mecánica cuántica se puede considerar completa. El significado atribuido al término "completo" se especificaba en la frase: "Todo elemento de la realidad física debe tener una contrapartida en la teoría física". Por el término "elemento de la realidad física" los autores proponen una definición con valor operativo:

Si podemos predecir con certeza (o sea con probabilidad igual a 1) el valor de una magnitud física, sin perturbar un sistema en absoluto, entonces existe un elemento de realidad física correspondiente a esa magnitud física

¿A qué contexto se refiere esta definición? Al contexto en que se supone que in oponente opine que cierta magnitud atribuible a un sistema físico no tenga un valor definido antes de la medición (y nuestra discusión precedente aclara que a esto se refiere): entonces a esa magnitud no le correspondería a un elemento de realidad física. A este oponente le dicen los autores: ¿pero qué dirías al respecto si, sin perturbar el sistema físico, yo pudiera prever con exactitud el valor de esta magnitud? Este conocimiento previo y cierto nos hace pensar en la magnitud como un elemento de realidad.



xv Para darse cuenta de las posiciones de Einstein y de Bohr y de cómo se había desarrolllado la discusión entre ellos antes del año 1935 se recomienda la lectura de sus artículos en el volumen colectivo editado por P.A. Schilpp, Albert Einstein: Philosopher-Scientist, Open Court, Illinois, 1949 (la autobiografia de Einstein, incluida en este volumen, ha sido traducida al castellano: Notas Autobiográficas, Alianza, Madrid, 1984). En partricular la contribución de Bohr reconstruye el desarrollo de las discusiones con Einstein. En particular, él cuenta una anéctoda divertida. En una Conferencia, Solva y Einstein habían presentado un experimento conceptual con el que se podía determinar con exactitud la energía y el instante en que un fotón es emitido, sobre la base de la relación masa-energía, pesando la caja de la que el fotón sale. Bohr pensó en el experimento en la noche y se dió cuenta de que ¡Einstein no había tenido en cuenta ... la relatividad general! Si se toma en cuenta que la balanza baja en el campo gravitacional, la relación de incertidumbre de Heisenberg se recupera.
El núcleo del artículo radicaba en un experimento conceptual que no era muy distinto conceptualmente de lo que hemos discutido en el párrafo precedente, Ecuación (2) [esta formulación se debe a D. Bohm en 1951]. Ahora bien, con medir el espín de una de las dos partículas, podemos predecir con certeza el espín de la otra, sin perturbarla físicamente de ninguna forma cuando estén suficientemente separadas. Entonces este debía ser un elemento de la realidad física aún antes que se hiciera la medición sobre la otra partícula (tal como el gato debe estar "vivo" o "muerto" antes que observemos si el núcleo se ha desintegrado); la mecánica cuántica no reproduce esta conclusión y por lo tanto da una descripción incompleta de la realidad. EPR empujaban más allá el razonamiento: si se mide la proyección del espín de la primera partícula en la dirección z podemos predecir con certeza el espín de la segunda: por otro lado, efectuando una medición de la proyección del espín de la primera partícula en la dirección x se puede predecir con certeza el de la segunda. Las dos observaciones pueden tener lugar sin perturbar el segundo sistema, a las dos proyecciones del espín se le pueden hacer corresponder, por tanto, elementos de realidad física: pero en la teoría los operadores mecánico-cuánticos que corresponden a la proyección del espín en dos direcciones distintas no conmutan y las variables asociadas no pueden tener, al mismo tiempo, un valor definido.

Bohr replicó inmediatamente al artículo de EPR, en la misma revista, con un trabajo que llevaba el mismo título. La réplica de Bohr se basaba en el principio de complementariedad de la mecánica cuántica: la discusión entre Bohr y Einstein se parece a un diálogo entre sordos. Según Bohr "un criterio de realidad como el propuesto por los autores contiene -por muy cautelosa que pueda parecer su formulación- una ambigüedad esencial cuando se aplica a los problemas efectivos de los que aquí nos ocupamos". La ambigüedad consistiría en que, según el principio de complementariedad, medidas de observables incompatibles (que no conmutan) presuponen la predisposición de aparatos diferentes (complementarios). Por ejemplo, para medir una proyección del espín de la primera partícula se ha de permitir una iteración esencialmente incontrolable con un soporte, de esta manera se nos cierra cualquier posibilidad futura de aplicar la ley de conservación del momento angular al sistema de las dos partículas y por ello se pierde la única base de que disponíamos para hacer una predicción concerniente al espín de la segunda partícula. Se puede decir que en el formalismo de la mecánica cuántica Bohr tiene razón: pero es propiamente este formalismo que Einstein rechazaba, o mejor dicho, que consideraba incompleto .
El problema de la medida

Podemos ahora discutir brevemente el problema de la medida, porque la sustancia no es muy distinta de lo que venimos a discutir.

En primer lugar definimos la propiedad de un sistema que sirva como aparato de medida de una magnitud microscópica S de un sistema atómico, descrita por un operador S que tenga un sistema de autovalores si y de autofunciones |si

S |si = si | si (3)

El aparato es un sistema físico A que debe tener estados |Ai, correspondientes a algo como la posición de un índice sobre una escala de valores, en correspondencia biunívoca con los valores posibles si de la observable microscópica: o sea, si el aparato se encuentra inicialmente en un estado general |A0 e interacciona con el sistema atómico que tenga exactamente el valor sk de la observable S, por efecto de la interacción del proceso de medida el estado de A debe reducirse a |Ak. O sea

|A0 | sk  |Ak | sk (4)

El problema surge cuando el sistema atómico, en lugar de encontrarse en un estado definido por un valor de la observable S, se encuentra en una superposición de estados (un paquete)

k ck | sk (5)

En este caso el proceso de medida debe dar como resultado final uno de los posibles valores sh con probabilidad |ch|2. Pero, siendo la ecuación de Schrödinger lineal, de la definición (4) sigue que

|A0 k ck | sk k ck | sk | Ak (6)

¡En esta expresión no se ha producido el colapso de la función de onda! En efecto sabemos de la (2), que es un caso particular, que en el estado (6) del sistema Aparato+Sistema atómico, ¡no el uno ni el otro se encuentran en un estado cuántico definido! Otra forma de verlo es recordar que sabemos que un sistema que se encuentra en un estado cuántico definido, aún si no sabemos cuál, y solo conocemos las probabilidades de |ck|2 con que se presenta cada estado, se representa a través de un operador densidad

= k |ck |2 |Ak | sk sk |Ak| (7)



xvi Tal vez en la literatura se ha llamado a la (7) mezcla propia, y a la (8) mezcla impropia.
xvii Para más detalles vénase el volumen colectivo ya citado, El Siglo de la Física.
En cambio, si calculamos el operador densidad que corresponde a la situación física representada por (6) (que es un estado puro para el sistema total A + S), obtenemos

= k |ck |2 |Ak | sk sk | Ak| + k k' c*k' ck | Ak | sk sk' | Ak' |

= + k k' c*k' ck | Ak | sk sk' | Ak' | (8)

El primer término correspondería a la reducción del estado correspondiente al resultado de la medición: pero aparece el segundo "término de interferencia", que hace la diferencia, o sea significa que el colapso no se ha producido, en cuanto a los términos de interferencia estos son entre estados correspondientes a distintos valores propios de la observable microscópica . Queda claro que esto es consecuencia de que lo que se superpone linealmente son las amplitudes de probabilidad y no la probabilidad, y de que la evolución temporal determinada por la ecuación de Schrödinger es lineal: esta, como se ve, es la base de todos los problemas que estamos analizando.

En realidad el trato que hemos dado del aparato de medida es inadecuado. Este aparato suele ser un sistema microscópico y, como hemos discutido a propósito del "gato de Schrödinger", él debería describirse correctamente con una matriz densidad, en lugar de la expresión (4): pero sería fácil mostrar que tampoco en esta forma el problema se soluciona, y que la reducción del paquete no se realiza.

Von Neumann, en su famoso libro "Mathematical Foundations of Quantum Mechanics" de 1932, declara que hay dos formas completamente distintas de evolución temporal del estado de un sistema cuántico: una consiste en la evolución según la ecuación de Schrödinger, la otra es una evolución discontinua que, como hemos dicho, se conoce vulgarmente como "colapso de la función de onda" y que solo ocurre en el proceso de medida.

Hubo también interpretaciones subjetivistas, que han insistido más en el papel del observador, cuya toma de conciencia del resultado de la medida determina el "colapso" .

Por otro lado, se han desarrollado teorías en que hay un desacoplamiento entre el estado del aparato macroscópico y el estado del sistema microscópico, determinado por la interacción con el entorno. Tanto S como A están constantemente en contacto con características del entorno que normalmente se ignoran y cuya influencia, aun en el caso de que fueran pequeñas, podría explicar el colapso .

Las "variables ocultas"

Einstein pensaba poder completar la descripción de la mecánica cuántica con la introducción de "variables ocultas", que completarían la teoría cuántica y recuperarían una descripción determinista en el espacio y en el tiempo, de forma parecida al papel que los átomos juegan en la mecánica estadística.

La historia de las teorías de variables ocultas es muy larga y compleja: discutiremos aquí sólo los aspectos esenciales.

Von Neumann, en el cuarto capítulo del citado tratado de 1832, utilizando instrumentos formales, llegó a lo que es denominado el "teorema de Von Neumann", o sea a la conclusión de que "el presente sistema de la mecánica cuántica tendría que ser -desde un punto de vista objetivo- falso, para que fuera posible una descripción de los procesos elementales distinta de la estadística", o sea que "es lógicamente imposible completar el formalismo de la mecánica cuántica de forma que desemboque en una descripción determinista de los procesos físicos".

Sin embargo, más tarde se comprobo que la demostración de Von Neumann no eliminaba cualquier tipo de teoría de variables ocultas. Las contribuciones más importantes en este sentido las dieron David Bohm y John Bell.



xviii Véase por ejemplo una actualización reciente de este punto de vista en S. Haroche, "Entanglement, decoherence and the classical/quantum boundary", Physics Today, July 1998. En este trabajo se discuten los experimentos que se están llevando a cabo para detectar concretamente el proceso de decoplamiento de los dos subsistemas: además se está investigando en sistemas "mesoscópicos" (es decir al límite entre el microscópico y el macroscópico) para averiguar en qué escala de dimensión del aparato de medida empezará a actuar el proceso de decoplamiento.
xix En términos más técnicos, Bohm descompone sencillamente la función de oda en dos partes, el módulo R y la fase S. La ecuación de Schrödinger da lugar a un sistema de dos ecuaciones para estas cantidades reales. La interpretación clásica es que R2 es la probabilidad (como en la mecánica cuántica), y S es la fase y satisface una ecuación de Hamilton-Jacobi modificada. El gradiente de S multiplicado por h/2 puede interpretarse como el momento de la partícula, mv. Bohm demuestra entonces que esta partícula obedece a una ecuación del movimiento de tipo newtoniano, en la que la fuerza viene dada por el gradiente cambiado de signo del potencial V que aparece en la ecuación de Schrödinger, más un nuevo potencial, U, conocido como "potencial cuántico", multiplicado por h2. Si se conocen las posiciones iniciales de las partículas, que juegan el papel de variables ocultas, se tiene una evolución temporal causal.
En el año 1952 Bohm propuso un modo concreto de "completar" la mecánica cuántica en términos de variables ocultas, que se identificaban con las coordenadas de posición inicial de las partículas, y que pueden completar la descripción de los estados dada en términos de la función de onda, y desembocar en una evolución temporal determinista del sistema . La teoría de Bohm predice lo mismo que puede predecir la mecánica cuántica, por lo que desde el punto de vista empírico, no es objetable. Lo que la distingue de la mecánica cuántica es la interpretación y algunos rasgos conceptuales acerca de los que existe una literatura bastante extensa: se han dado muchos argumentos a favor y en contra. De todas formas, ella constituía una formulación que contradecía concretamente el teorema de Von Neumann.

En la década de los sesenta Bell dio algunas contribuciones fundamentales para aclarar el problema. En 1966 el logró construir un modelo de variables ocultas explícito para el problema de las dos partículas de espín ½, que hemos discutido. Al mismo tiempo él aclaró que el teorema de Vos Neumann se basaba sobre un postulado arbitrario, cuya validez era ya de por sí una peculiaridad de la mecánica cuántica.

La estructura no local de la mecánica cuántica

En 1964 Bell había obtenido otro resultado fundamental al demostrar que ninguna teoría local de variables ocultas podía reproducir todas las predicciones de la mecánica cuántica en experimentos de tipo EPR (como las dos partículas de espín ½. El acento se habría que situar en el adjetivo "local": se trata en concreto, en un marco realista, de excluir la posibilidad de que la predeterminación del resultado de una medida de un subsistema sea consecuencia de la propagación de una señal no física (es decir super-luminal) emitida por el otro. Bell hacía resaltar así el carácter no local de la mecánica cuántica. Bohm había logrado construir una teoría de variables ocultas equivalente a la mecánica cuántica acerca del porqué su teoría era no local.

Con este enfoque Bell lograba también por primera vez encontrar una diferencia experimental entre la mecánica cuántica y una teoría local de variables ocultas. Una teoría realista necesitaría que el valor +½ o
- ½ del espín de un subsistema a lo largo de una dirección cualquiera nazca, ya determinado, al salir la partícula de la fuente, y entonces dependa de si una variable oculta cae en uno u otro de los dos subdominios de variabilidad; lo mismo vale para el otro subsistema. El requisito de la localidad se expresa por la necesidad de que resultados de mediciones efectuadas en el primer subsistema no dependan de la segunda dirección (y viceversa). De ello se deduce una expresión explícita para el valor medio de los productos de los espines a lo largo de direcciones dadas. Bell demostraba así que existe una combinación de tres de estos valores medios, correspondientes a pares de direcciones a y b, a y c y b y c, que debe satisfacer una desigualdad que la mecánica cuántica viola: es el célebre teorema de Bell. Cabe subrayar el hecho que la diferencia entre una teoría local y la mecánica cuántica puede observarse sólo si se miden propiedades relativas a correlaciones entre los dos subsistemas: observaciones relativas a un solo subsistema no pueden discriminar entre las dos situaciones.

Bell entonces concluía que es posible construir teorías de variables (no locales) que reproducen los resultados habituales de la mecánica cuántica (refutación del teorema de Von Neumann), que se puede distinguir experimentalmente entre mecánica cuántica y teorías de variables ocultas locales, y (fundamental) que experimentos al respecto aún no se habían efectuado.

Varios experimentos han sido efectuados en las décadas de los setenta y de los ochenta, y han proporcionado, en su mayoría, resultados acordes con la mecánica cuántica (se han presentado dos excepciones: pero en uno de los casos, una repetición del experimento a cargo de otro grupo dio resultados acordes con la mecánica cuántica, en el otro caso los resultados no han sido publicados). Las reacciones han sido múltiples . En general los heterodoxos continúan siendo heterodoxos: varios niegan el carácter conclusivo de los experimentos (algunos entre ellos se apuntan a las hipótesis adicionales que son siempre necesarias para someter el teorema de Bell a un control experimental, y demuestran que, si se prescinde de ellas, se pueden construir modelos realistas locales que expliquen todos los resultados experimentales). Pero la actitud ampliamente dominante es de considerar confirmada la validez de la mecánica cuántica.

CONCLUSIONES

Las características fundamentales de la mecánica cuántica a que parece tenemos que acostumbrarnos pueden considerarse entonces:

la falta de realismo: la realidad de los elementos de realidad física nace con la observación;

la falta de localidad: al interior de sistemas cuánticos de cualquier extensión, todo se puede concebir como si se propagaran "influencias" con velocidad infinita;

la falta de separabilidad: dos sistemas físicos que han interactuado siguen formando un sistema único y ni pueden concebirse como separados (que es otra forma de plantear la falta de localidad).

Varios opositores de la interpretación ortodoxa han formulado la interpretación estadística, según la cual un estado mecánico-cuántico proporciona una descripción de las propiedades estadísticas de un conjunto de sistemas preparados con el mismo definido procedimiento, y no necesariamente una descripción de un sistema individual. En realidad la interpretación de Copenhague no aclara si los objetos cuánticos individuales existen realmente o no. Por otra parte, los experimentos parecen demostrar que el realismo clásico, tal como habría gustado a Einstein y Schrödinger, tampoco es aceptable.

Me parece interesante señalar un último aspecto: ¿Cuál fue realmente la necesidad histórica de la revolución cuántica? Recordamos que la física clásica pareció fracasar en la comprensión del espectro de la radiación en la cavidad y en los calores específicos de los sólidos: este fracaso se basa en el teorema de equipartición de la energía. En este sentido hace falta señalar varios trabajos interesantes. En primer lugar, se puede criticar el uso del teorema de equipartición al campo de radiación: este tiene un número infinito de grados de libertad y la atribución a cada uno de ellos de una energía constante lleva inevitablemente a una energía infinita (como ocurre en la ley de Rayleigh y Jeans), lo que puede considerarse un absurdo (con el cuánto de energía se logra un valor finito porque la energía media de cada cuanto depende de la frecuencia de forma tal que compensa el número de modos normales creciente con v2). Sin embargo, el teorema de equipartición se demuestra en mecánica estadística para un número finito de grados de libertad: no es claro si su aplicación al campo de radiación es autoconsistente, y se podría pensar que la divergencia de la energía total sea un índice de que el teorema no es válido para el campo de radiación.

En efecto, ya en 1954 Fermi, Pasta y Ulam, sobre la base de cálculos numéricos, habían encontrado de forma inesperada que, entre los modos de oscilación de una cadena rectilínea de partículas acopladas por interacciones no lineales, no se obtenía equipartición. Investigaciones más recientes, a partir de los años setenta, confirman que el teorema de equipartición no queda demostrado y que hay puntos de plausibilidad para su no validez. Si es así, aún queda por averiguar lo que la mecánica clásica prevé efectivamente, de forma rigurosa, sobre tales problemas.




xx Para más detalles véase nuevamente el citado libro colectivo, El Siglo de la Física.

Wednesday, July 22, 2009

Texto 07.

Profesor: Jorge Henríquez M.
Asignatura: Filosofía.
Nivel: Cuarto Medio.
Contenido: Texto 07: Norberto Bobbio: La botella, la red y el laberinto.

Wittgenstein ha escrito que la tarea de la filosofía es la de enseñar a la mosca a salir de la botella. Esta imagen, elevada a la representación global de la vida humana, refleja sólo una de las posibles situaciones existenciales del hombre, y no la más desfavorable. Es la situación en que existe una vía de salida (evidentemente se trata de una botella sin tapón); por otra parte, fuera de la botella hay alguien, un espectador, el filósofo, que ve claramente dónde está.

¿Pero qué pasa si en lugar de la imagen de la mosca en la botella consideramos la del pez en la red? También el pez se debate en la red para salir de ella, con una diferencia: cree que hay un camino de salida, pero éste no existe. Cuando la red se abra (no por obra suya), la salida no será una liberación, es decir, un principio; sino la muerte, o sea, el fin.



En esta situación, la tarea del filósofo, del espectador externo que ve no sólo el esfuerzo, sino también la meta, no puede ser ya la descrita por Wittgenstein. Con toda probabilidad predicará la vanidad de la cura, de agitarse sin un objetivo, la renuncia a los bienes cuya posesión no es segura y en cualquier forma ya no depende de nosotros, la abstinencia, la resignación, la imperturbabilidad. Nos invitará a contentarnos con el breve tiempo de vida que aún nos es dado vivir, a esperar la muerte con serenidad y tal vez a cultivar nuestro jardín.

Se trata, como cualquiera puede reconocer con facilidad, de las varias formas de filosofía como sabiduría, mientras que en el caso de la mosca la filosofía se había presentado bajo las formas del saber racional. Pero nosotros, los hombres, ¿somos moscas en la botella o peces en la red?

Tal vez ni una cosa ni la otra. Tal vez la condición humana puede representarse globalmente de manera más apropiada con una tercera imagen: el camino de salida existe, pero no hay ningún espectador afuera que conozca de antemano el recorrido. Estamos todos dentro de la botella. Sabemos que la vía de salida existe, pero sin saber exactamente dónde se halla procedemos por tentativas, por aproximaciones sucesivas.

En este caso, la tarea del filósofo es más modesta en relación con la primera situación y menos sublime en relación con la segunda: enseña a coordinar los esfuerzos, a no arrojarse de cabeza a la acción, y al mismo tiempo a no demorarse en la inacción, a hacer elecciones razonadas, a proponerse, a título de hipótesis, metas intermedias, corrigiendo el itinerario durante el trayecto si es necesario, a adaptar los medios al fin, a reconocer los caminos equivocados y abandonarlos una vez reconocidos como tales.

Para esta situación nos puede ser útil otra imagen, la del laberinto: quien entra en un laberinto sabe que existe una vía de salida, pero no sabe cuál de los muchos caminos que se abren ante él a medida que marcha conducen a ella. Avanza a tientas. Cuando encuentra bloqueado un camino vuelve atrás y sigue otro. A veces el que parece más fácil no es el más acertado; otras veces, cuando cree estar más próximo a su meta, se halla en realidad más alejado, y basta un paso en falso para volver al punto de partida.

Se requiere mucha paciencia, no dejarse confundir nunca por las apariencias, dar (como suele decirse) un paso cada vez, y en las encrucijadas, cuando no nos es posible calcular la razón de la elección y nos vemos obligados a correr el riesgo, estar siempre listos para retroceder. La característica de la situación del laberinto es que ninguna boca de salida está asegurada del todo, y cuando el recorrido es justo, es decir, conduce a una salida, no se trata nunca de la salida final. La única cosa que el hombre del laberinto ha aprendido de la experiencia (supuesto que haya llegado a la madurez mental de aprender la lección de la experiencia) es que hay calles sin salida: la única lección del laberinto es la de la calle bloqueada.

Estas metáforas se aplican con la misma eficacia al problema del sentido de la vida individual, del destino del hombre como individuo aislado, que al problema del sentido o del destino de la humanidad. Corresponden a tres modos de concebir el sentido de la historia. Se pueden representar en ellos tres típicas filosofías de la historia. Por supuesto, no son las únicas.

Monday, June 29, 2009

Texto 06.

Profesor: Jorge Henríquez M.
Asignatura: Filosofía.
Contenido: Texto 06, resumen de R. Echeverría: Por la Senda del Pensar Ontológico, capítulo II.


[Estos paréntesis contienen interpretaciones y acotaciones del profesor que no aparecen en el original.]
[La comprensión de este texto supone el dominio de los ‘tres modelos’ tratados en el texto 01.]

El Claro.

1.-[Un defecto en el aprendizaje]
-El alumno aprende las partes pero no se enseña a ver el todo al que éstas pertenecen.
-[Ver texto 03 de Tercero Medio.]
-El todo hay que ‘mostrarlo’
2.-
-Para ‘mostrar’, hay que hacer una distinción [V. Maturana/Varela].
-Sólo vemos lo que distinguimos.
-Se hace, entonces, la siguiente distinción:
discurso [teoría]
práctica [aplicación].

-Ejemplo: Discurso= ontología del lenguaje;
práctica= coaching ontológico.

-Otra distinción necesaria, ahora al interior del discurso:
-distinción entre las partes del discurso y la totalidad a la que esas partes pertenecen.
-esta distinción permite visualizar ‘el claro’ [Cp. Heidegger: Lichtung.]

3.- Genealogía del concepto de claro.
3.1. Heidegger.
3.1.1. En el claro de un bosque me doy cuenta de que estoy en un bosque.
Es el lugar desde donde existimos.
3.1.2. El mundo que es revelado en el claro, aparece ante una mirada particular
Lo particular de esta mirada es que ella constituye a tal mundo revelado.

3.2. Concepto griego de verdad= αλήθεια.
[Cp. Veritas y ‘emunah’]
Después de contemplar la verdad, la olvidamos, queda en el pasado.
Hasta que volvemos a contemplarla. [Cp. Concepción circular del tiempo.]
Epifanía.

3.3. Otros conceptos de verdad:
Verdad como objetividad.
Verdad como intersubjetividad.

3.4. Heráclito.
Los primeros filósofos se preguntaron: cuál es el pricipio que compone a todas las cosas:
Tales: el agua;
Anaximandro: el aire;
Etc.
Parménides: el Ser: la esencia de las cosas es lo que no cambia.
Heráclito : el Devenir: la esencia de las cosas es el cambio. En el devenir universal, el λογος [logos], asociado al fuego en incesante movimiento, es lo que ilumina, haciendo aparecer las cosas.

3.5. [Concepto de claro que propone este texto.]
-El claro es el lugar donde se constituye un obervador genérico.[Cp. Aristóteles.]
-‘Genérico’= apunta a un observador que está definido por coordenadas, [tales que es el género de lo específico y el género de todos los géneros.]
-Es necesario pensar en un criterio genérico máximo, para pretender que hemos llegado a un claro:
esta matrix básica es la manera como los hombres se conciben a sí mismos:
esta manera determina el sentido que le damos al mundo, y por ende determina el sentido que el observador le da a su propia vida:
todo lo que uno hace en la vida es una ‘respuesta ontológica’ implícita a la ‘pregunta
ontológica’: “Qué es el hombre?”.
Por esto, dicha manera determina nuestra forma de ser en el mundo.
[Advertencia: ante la relevancia de la función cognitiva que aquí se ha expuesto, no olvidar que según este texto la cognición es una forma de acción y que el ser es posterior a la acción.]

-No es lo mismo ‘claro’ que ‘observador’.
Todo observador está en un claro, pero no todos los observadores son iguales.
El claro es el lugar desde donde me doy sentido a mí mismo y al mundo.
Heidegger: ya no cabe preguntar “Qué es el Ser?” sino que procede preguntar:
“Qué es el ser que se pregunta por el Ser?”, o sea el Dasein.



3.6. Consecuencias.
-La encrucijada ontológica es realmente otra [v. texto 01]
-esta encrucijada está en los pre-supuestos que nos llevarán a optar por uno de los tres modelos. O sea, el acto de elegir ocurre en el plano antropológico, y este acto está antes de la encrucijada.

3.7. El claro como forma de vida.
3.7.1. De lo anterior no hay que inferir que el claro enfatice lo cognitivo como constituyente de lo humano:
antes de pensar, el Dasein está-en-el-mundo, la existencia es anterior al pensamiento [cp. Descartes.]
El claro apunta a este estar en la existencia, ‘la vida’.
Y el coaching ontológico apunta a la posibilidad de vivir la vida de una forma diferente a lo que ha sido hasta ahora la vida de un individuo.
3.7.1.1. El sufrimiento.
En general, es inherente a la vida, sin embargo hay muchas formas de sufrimiento que no son necesarias, son evitables. [Ergo, si Ud. no las ha eliminado, es porque, de algún modo, Ud. ha elegido sufrir.]
La mayoría de nosotros somos incompetentes en el ‘arte de vivir’. Necesitamos ayuda, y para recibirla debemos aceptar que somos incompetentes [Cp. Bateson: cibernética del alcoholismo.]
3.7.2.-Si el ‘saber vivir’ sólo se ejecuta en el claro, entonces lo cognitivo juega su papel propio:
3.7.2.1. Lo cognitivo como aprendizaje:
es un nexo entre una vida deficiente y una vida plena.
Se espera que los alumnos no sólo sepan más cosas sino que vivan mejor.
3.7.2.2. Lo cognitivo como poder generativo de ideas [que a través de acciones generan existencia].
Un buen alumno es el que supera al maestro. [v. Confucio y Buda. ]

3.8. Vectores.
3.8.1. Tres Postulados.
3.8.1.1. Postulado 1 [v. pág. 90.]
El carácter relacional del lenguaje determina que sean las relaciones las que nos constituyan en seres humanos.
3.8.1.2. Postulado 2 [v. pág. 92]
La existencia humana consiste en conferir sentido.
Esta es una condición para vivir.
‘Observador’ es lo que ejecuta el acto de conferir sentido.
Por otra parte es a través del lenguaje que puedo actuar: mis acciones me constituyen y constituyen al mundo sólo a través del lenguaje.
En suma [para los dos postulados], el lenguaje determina: la relación, el sentido y la acción.

3.8.1.3. Postulado 3 [v. pág. 93]
Si bien existe una realidad exterior, no accedemos a ella directamente.
Accedo a las cosas sólo a través del sentido que les asigno. [ v. Kant]

3.8.2. Tres Principios.
3.8.2.1. Principio del observador. [v.pág. 94]
No es lo mismo una interpretación que la realidad objetiva.
Por esto, no soy dueño de la verdad:
Si olvido esto, genero sufrimiento a mí y a los demás,
Y me privo del asombro.
Este princio es fundamento del respeto.
Como se ve, el claro trasciende lo cognitivo y penetra en el plano de la ética.

3.8.2.2. Princio de la acción. [v.pág. 96.]
Sentido común: el ser es anterior a la acción, y la determina.
Ontología del lenguaje: el aprendizaje me permite actuar y la ación me cambia en lo que soy.
El ‘ser’ es sólo un recurso lógico para darle coherencia a las acciones.
Con el coaching ontológico se aprende a cambiar.

3.8.2.3. Principio del Sistema. [v. pág.98.]
La acción tiene condicionantes.
Los hay visibles y no visibles:
Los no visibles son el observador y el sistema.
La acción se encuentra con una doble determinación estructural:
La estructura de la unidad en cuestión,
La estructura del sistema al que tal unidad pertenece.

Sin embargo, podemos hacer cambios en ambas estructuras.

4. Conclusiones.
La ontología del lenguaje busca develar los fundamentos metafísicos del sentido común, y cambiarlos.
Hay que cambiarlos por ser un obstáculo a una vida con mayor plenitud.
La pregunta fundamental: Qué es el hombre?
La filosofía inició este cambio hace 200 años, pero la filosofía ha sido, asimismo, una actividad para unos pocos, separada del quehacer cotidiano.
Hoy la necesidad del cambio llegó ‘a la calle’:
La reflexión filosófica debe ser ejercitada por todo hombre.
El poder del claro ontológico debe estar al alcance de todos los hombres.


29.06.09.-

Friday, June 12, 2009

Texto 05.

Profesor: Jorge Henríquez M.
Asignatura: Filosofía.
Contenido: Texto 05, M. Hopenhayn: Largo Viaje de un rockero ilustrado.
La mezcla Morrison.

En las páginas que siguen el autor desentraña un fenómeno muy
particular del rock de los años 60 en Estados Unidos —el de Jim
Morrison y los Doors—, que vuelve a desenterrarse hoy y recobra
una fama aún más extendida que en su momento original. El artículo
reconstruye el contexto político-cultural en que dicho fenómeno
aparece en su origen, y el lugar desafiante que en dicho contexto
ocupó la figura provocadora, reventada e ilustrada de Jim Morrison.
Se trata, probablemente, de la estrella de rock que a fines de los
sesenta sintetizó de manera más completa el rock de masas con el
discurso intelectual del cambio radical, la experimentación psicotrópica
con la búsqueda de nuevas expresiones en la música popular, la
literatura “maldita” y la biografía personal. Muerto a los 27 años en
una bañera de París, por efecto de la droga, el alcohol y un ritmo de
vida delirante, Morrison reaparece hoy en pantalla gigante y convertido,
más que nunca, en fetiche de consumo. ¿Conserva, hoy, algo de
la energía disolutiva que tuvo hace veinticinco años?

Prólogo
Por qué jugársela por estrenar en el 91 una superproducción
sobre la vida fugaz de Jim Morrison, uno de los mayores mitos del rock de
los ’60, lúcido entre los reventados y reventado ente los lúcidos? ¿Por qué
justo ahora, que el poder del rock es mucho más evocador que provocador,
más histriónico que agónico, más histérico que histórico? ¿Quién de los que
en este momento leen estas líneas estaría dispuesto hoy, a veinte años de
distancia y quizás cuántos de desencanto, a volarse con una película o un
festival rock “a nivel Morrison” con la expectativa de contagiarse allí de
algún virus de la metamorfosis, precipitarse hacia las fronteras de la subjetividad,
morir y renacer en algún otro descampado de la biografía?
¿Por qué reabrir el caso Morrison, someterlo nuevamente al juicio
público o al consumo de masas? ¿A qué se debe el retorno del rey del “acid
rock” en pantalla gigante, a veinte años de la muerte del dionisíaco, pélvico,
iluminado, esquizoide, lisérgico, blasfemo, pagano, etílico, erótico y tanático
Morrison en una bañera de París?
Vamos al contexto, al violentamiento, a la mezcla y, finalmente, al
final de la película.


I. EL CONTEXTO
Entre el 66 y el 69 los Doors tuvieron su edad de oro con Jim Morrison
a la cabeza. Al mismo tiempo que… los vuelos en LSD con visitas
incluidas al inconsciente freudiano, al inconsciente jungiano y a iluminaciones
parciales…; la epifanía hippie, tan vaporosa y radical a la vez, mezcla de
ingenuidad y profundidad que nunca acabaremos de rumiar…; la irrupción
de un nuevo protagonista para pivotear el cambio sociocultural —la juventud—,
en quien importaba mucho menos la inserción en el sistema productivo
que el arrojo para experimentar consigo mismo…; los proyectos utópicos
jugados en serio y en la inmediatez del presente, no como la coronación
definitiva del progreso, sino como una renuncia a todo lo definitivo…; el
rock como expresión de todo lo anterior, el rock como confluencia, el rock
como nuevo matrimonio entre el cielo y el infierno, como hilo conductor
entre la cabeza y las vísceras…; la interpelación crítica al sistema por donde
éste no se lo esperaba, la amenaza que violentó al Tío Sam de este lado de la
frontera, tanto en su propia cancha como en los pantanos de Indochina…;
la aventura de volver a fundar el mundo a partir de una febril interpretación
de los padres ilustres de la patria: Jefferson, Walt Whitman, Tocqueville.1
De lo cual se dedujo, siempre en libre interpretación…; el rechazo de
la sociedad organizad por infeliz —y también por inmoral—, y la idea de que
ya no queda más que elegir entre sistema y felicidad, mediocridad y lucidez,
continuidad o libertad…; la anchísima manga de la libertad en las formas
expresivas y en las normas para la vida, donde debían caber hedonistas,
psicóticos, oligofrénicos, místicos, obscenos, erráticos, reventados, juglares,
bufones, demonios y duendes, todos rebautizados como hippies, happeneres,
hijos de la flor, vietniks, peaceniks y beatniks.
De allí que entre el 66 y el 69 Jim Morrison y sus “Doors of Perception”
fueran más que explicables: ocuparon —¿o abrieron?— un hueco dentro
de un contexto o de una intersección precisa de sentidos. Este “contexto”
fue para Jim Morrison un tejido de muchos hilos, todos consagrados a
entrelazar el plano epidérmico de un hedonista irreflexivo con el vuelo intelectual
de un rockero ilustrado. El voraz lector adolescente tuvo, a los 14
años, el recién aparecido On the Road de Kerouac, publicado en 1957, como
libro de cabecera.2 Se desayunó con Nietzsche a los dieciséis (en quien
reconocerá su propio impulso dionisíaco y la fuerza disolvente del mismo);
y con Rimbaud y Blake y la conocida lista de malditos al año siguiente. De
los malditos es sobre todo Rimbaud quien extrae el imperativo de fundir el
arte con la vida y, en esa fusión, provocar la “alteración de todos los sentidos”
y el cambio de todas las estructuras. Jim se sentirá un poco enfant
maudit a lo Rimbaud. De Blake sacará la frase que retomó Huxley para titular
su viaje en mescalina y la usará para bautizar a la banda de los Doors: “Si se
despejaran las puertas de la percepción, cada cosa aparecería a la vista
humana como lo que realmente es: infinita”. Más tarde leerá a Norman
Brown para retener de su lectura este viaje por la mitología de las pulsiones
humanas, y la interpretación alucinada de las ontogénesis y filogénesis
freudianas. Seguirá con el sentido trágico de la existencia en los existencialistas
franceses, y descubrirá los ríos fluyentes de la conciencia en el Ulisses
de Joyce. Todo esto antes de pasar los 18. A la misma edad devora
libros ingleses de demonología de los siglos XVI y XVII en la Biblioteca del
Congreso, y queda marcado por las trayectorias alcoholizadas y castigadas
de Baudelaire, Dylan Thomas y otros lentos suicidas. Después de una exploración
abandonada de su propio pathos en el destino de otros, rematará
con el teatro de la crueldad de Antonin Artaud, base para el Living Theatre
que tanto marcó al propio Morrison varios años más tarde.
Seguimos. La marihuana, el peyote y el LSD entraron con tanta fuerza
en la vida de Morrison que no pueden comprenderse muchos temas clásicos
de los Doors, como “The End” o “Break on Through” o “The Crystal Ship” sin
este antecedente. La revuelta generacional y la “brecha de credibilidad” la
empezó a vivir Jim desde los 17 años, cuando la convivencia con un exitoso
oficial de marina que fue su padre, y con una madre que bajaba la línea en la
familia, resultó intolerable. La onda hippie entra a quemarropa en Morrison
justo en sus comienzos con The Doors, partiendo por la vida-plena-pura-sinproyección
en Venice, el balneario de Los Ángeles donde “todo pasaba”,
donde Morrison inventaba películas buscando su voz poética entre las ruinas
de Blake, y donde a partir de un encuentro de volados con Ray Manzarek
nació la iniciativa de formar una banda de rock. Curiosamente, hasta ese
momento Morrison jamás había cantado en su vida: podía verse a sí mismo
como poeta, actos o cineasta, pero no se imaginó que su gloria estaría detrás
de un micrófono. Inmediatamente después, el sincrónico aterrizaje de los
Doors en el legendario “Happening Human Be-In” en el Golden Gate Park de
San Francisco a comienzos del 67, evento que marca la largada con tuti de la
revolución de las flores y la erupción de los sentidos.3 Entre tanto, la simbiótica
contemplación de los hitos europeos de la época, como “Hiroshima, mon
amour” de Alain Resnais y “La dolce vita” de Fellini; un interminable viaje a
dedo desde Florida hasta Arizona antes de cumplir los veinte años, pasando
por México y poblado de enredos con la policía del medio oeste, con las
ninfómanas de autopista y los licores que ahogan la noche en Texas. Más
tarde, un viaje mítico al desierto de Arizona para abrazar ese raro panteísmo
que funde a Rimbaud con los indios del mezcal, y para realizar con sus
compañeros de los Doors (Ray Manzarek en teclados; Robby Krieger, en
guitarra eléctrica; John Densmore, en batería) un ritual iniciático con el peyote.
Una poligamia asumida desde siempre y nunca cuestionada. Doscientas
cincuenta dosis de LSD consumidas en menos de cinco años (puede ser una
fanfarronada, pero calculemos al menos la mitad); un discurso que desafía la
autoridad por todos lados, y que se expresa en letras de canciones, en
recitales más allá del límite de la ley y en un reviente que violenta cualquier
sentido de la supervivencia.
Todo esto es parte del contexto y de la biografía de Morrison, la
argamasa para su mezcla y para el mito de los Doors. Pero hay más: Morrison
es desde muy temprano un miembro honorario del club de los “noístas”: los
que dicen no, los que chocan con un triple no, los que arman su carpa en
medio de noes. Los no-burgueses, no-blancos, no-protestantes, no-trabajadores,
no-pulcros. Parten ya en los ’50 con la angry generation incubando la
nueva sensibilidad y Dylan fugándose de su casa como si fuese un personaje
de Salinger. Eldrige Cleaver —Dios Negro perdone hoy su vuelta de tuerca
neoliberal, su sorpresivo blanqueo espiritual, su misteriosa muerte— denunciaba
a los blancos no por imponer sus héroes, sino por perderlos y verlos
convertidos en villanos. La resistencia negra se convierte en una pantera que
ataca y embellece a la vez. La visceralidad del rock de los ’60, tiene una clara
raigambre negra, y se hace evidente en la influencia de Moody Waters sobre
Mick Jagger y los Rolling Stones. El rocanrol emerge de entre las raíces negras
del blues y las del blanco pobre del country, fusionando los excluidos de la
claridad y los sumergidos en la penumbra. El espíritu errante de los sumergidos
y marginales encarna en rockeros y blueseros de los ’60: Dylan y Morrison
abandonan el hogar muy temprano para errar por las carreteras, y Janis
Joplin sale de un pueblo de Texas a los 17 para cantar blues en los bares a
cambio de una copa de alcohol. Jack Kerouac busca recuperar la intensidad a
través de lo sumergido, en lo no blanco, en lo no gringo, al punto que el
personaje de “On the Road” exclama: “Me gustaría ser un negro, pues siento
que lo mejor que me ofrece el mundo blanco no es suficiente éxtasis para mí, ni
suficiente vida, alegría, emoción, oscuridad, música, noche”. Lo dionisíaco se
vislumbra con el imperativo de la intensidad a cualquier precio, y se sitúa en
los márgenes de la sociedad opulenta. Y cuando más paganos los márgenes,
más cerca de la verdadera vida.
El noísmo empieza a asomar en lo que será su conductor predilecto,
el rock, echando sus bases en este simulacro de la negritud que será más
una inversión de sentido que una invención, más un exorcismo que una
representación: “No se puede pensar en rock sin evocar la imagen de aquellas
infinitas máscaras negras que se puso el blanco, en el proceso evolutivo
de la sociedad norteamericana, invirtiendo en el plano psicológico la
ecuación dominador/dominado”.4 A la negritud como “estado revulsivo del
alma” se acopla la juventud como el contrapoder emergente en la cultura.
Desde “Elvis the Pelvis” en adelante, el rocanrol tendrá como imaginario la
sensibilidad “tapada” y la voluntad autoafirmativa. El rock se hace parlante
del noísmo: irrupción de la diferencia donde se reúne la negritud como un
“estado-otro”, y la juventud como el “actor-otro”. Ya en los grupos de rock
de los ’60 son jóvenes tocando para jóvenes, y el promedio de edad de los
líderes del rock oscila entre los 22 y los 23 años, la edad que tenía Morrison
cuando los Doors saltan a la escena pública en el 67. A partir del 65 Dylan y
los Beatles tejen una nueva alianza: la de la juventud rockera y la intelectualidad
de gauche. En esos momentos el rock legitima y profundiza la crítica
de la intervención norteamericana en Vietnam, el movimiento por los derechos
civiles, la liberación de las relaciones sexuales, la “brecha de credibilidad”
y la “brecha generacional” en Estados Unidos. La atmósfera de transformación
social y moral penetró en la música, y los mensajes contestatarios
se difunden vertiginosamente a través de la propia industria cultural y el
consumo masivo. Visceralidad y cultura, impulso del rock con repulsa del
conformismo, transgresión y emancipación. Y la conciencia individual se
perfilaba como el lugar privilegiado de una mitificada liberación social.

Tres irrupciones del rock en los ‘60
Primera irrupción: una experimentación con el propio cuerpo. A través
de un componente orgiástico en el baile se reconocen los “pares” en el
desdibujamiento de los contornos del cuerpo propio, la epifanía de lo negro-
pagano en el rock, en su ritmo, en la visceralidad de un bajo tribal y de
los punteos de la guitarra, en las voces aguardentosas y antirrefinadas,
todo esto “sentido” en el cuerpo y en la sangre.5 No hay regla para bailar el
rock, salvo la experiencia del propio cuerpo despertando y viéndose a sí
mismo en esa inmediatez del despertar. El rockero (músico y auditor) se sabe
“poseído” por momentos y lo expresa mediante un cuerpo exorcizado por
un baile ritual que a la vez carece de todo canon. He ahí la irrupción: una
“ritualidad libre”. El cuerpo se sabe libre en la comunión del rock. Nadie
juzgará el modo de bailar más que por la intensidad en la posesión de la
música sobre los cuerpos. “Políticos eróticos es lo que somos”, declaraba
Morrison. “Canto con mi voz y con mi cuerpo, con mi sexo, canto con todo
mi ser”, proclamaba Janis Joplin. Y Mick Jagger confesaba a su vez: “Uno
siente la adrenalina que sube por el cuerpo. Es algo muy sexual, y la energía
parece transbordar de aquellos públicos inmensos y delirantes de Nueva
York, Chicago o California”.6
Es la forma más directa de apropiación de la negritud por parte de la
juventud: por las vísceras. Por medio de esta apropiación lo blanco quiere
hacerse “carnalmente libre”. No como simulacro sino como contagio. Mick
Jagger, John Mayall, Clapton y los Bluesbreakers, así como The Animals y
los Rolling Stones, se inspiran en Muddy Waters y en toda la tradición del
viejo blues negro de Chicago. Y allí va a radicar un componente en la mezcla
Morrison, donde el ilustrado de la izquierda crítica y el rockero con la víbora
negra en las entrañas se condensan en una sola voz: el dadaísmo se paganiza,
la negritud conversa con Rimbaud, la crítica marcuseana se formula con
un desenfadado movimiento de pelvis. Ya volveremos sobre este componente
en la mezcla Morrison.
Segunda irrupción: el rock se ve a sí mismo, desde 66 hasta entrados
los setenta, como agorero y catalizador del cambio de las estructuras básicas
de la sociedad industrial-capitalista, y como detonante contra los
símbolos represivos y autorrepresivos del “American way of life”. Mike
Lang, el principal organizador del festival de Woodstock, respondía en una
entrevista televisiva que la música nunca había alcanzado tal grado de compromiso
social. En 1970 un grupo de violencia revolucionaria hizo detonar
bombas en grandes transnacionales con sede en Nueva York, autoproclamándose
la Fuerza Revolucionaria Nº 9, nombre inspirado en una canción
de los Beatles. Y al lado de un capitán del ejército norteamericano que
afirma que el rocanrol contribuye al empleo de drogas y también a la alta
incidencia de enfermedades venéreas entre los reclutas, está el joven radical
que dice: “El rock no es un simple himno de guerra o un fondo musical
como lo fue ‘La Marsellesa’ para la Revolución Francesa. Para nuestra ge-
neración, el rock es la revolución”.7 El rock marca la irrupción de lo popular
como revolucionario al interior de una cultura donde lo popular era la complacencia
gregaria y estaba envuelto por la estética de la emulación. La
música pasa de un romanticismo falso o de un optimismo hueco a una
autoafirmación que rebasa los límites del individualismo “tolerable”. Deja de
ser un componente de la cultura y pretende convertirse en un nuevo fundamento
para la cultura. De coronar un mundo en glorioso progreso material,
la música popular pasa a socavar ese mundo mostrando la mediocridad que
subyace a la gloria. En esta irrupción la mezcla Morrison va aún más lejos:
teje el puente entre esta crítica-rock y la crítica de las bases mismas de la
modernidad. Sobre eso también volveremos más adelante.
Tercera irrupción: en el rock emerge un aire pagano, o bien potencia
el paganismo de los blues-negros y de la música country de los blancospobres.
Este paganismo campea en varias de sus manifestaciones: en el
envolvente clima tribal que late por debajo de algunos de los conciertos de
rock; en la atracción por lo dionisíaco, lo satírico e incluso por el sacrificio
entre las estrellas del rock y entre los que se tomaron el rock en serio (las
muertes de Hendrix, Joplin y Morrison tienen algo de sacrificio en la representación
que luego hizo de ellas el imaginario-rock), y en un panteísmo
difuso pero persistente, que tiene mucho que ver con las experiencias lisérgicas
en las vidas, en la música y en las letras del rock a partir de 1967. En
este aspecto la entrada de Morrison es tal vez la más decidida, consciente y
terminal.
En esta marea se levanta el mito de los Doors y, sobre todo, el de
Morrison. Lo que hay de propio en la apropiación que Morrison hace de
este contexto esbozado en las páginas precedentes es la materia de las
páginas siguientes.

II. PRIMER ELEMENTO DE LA MEZCLA:
EL VIOLENTAMIENTO-MORRISON Y SUS GESTOS DISCURSIVOS
Morrison violenta por todos lados. En las letras de sus canciones,
en su poesía, en sus relaciones más estrechas y en los conciertos de rock.
Toreo con la autoridad, reto al conformismo, sátira de las costumbres. Tensa
las situaciones para exponerlas en todo lo que ellas pretenden atenuar.
Así interpela.
La violencia ejercida por Morrison puede agruparse en dos gestos
discursivos:8 el gesto obsceno y el gesto dionisíaco. A través de estos dos
gestos Morrison ofende, transgrede y destapa el orden normativo que impugna.
Gestos complementarios, paganos, disolutivos. Ni la cultura ni la
contracultura quedan a resguardo de este violentamiento.
El gesto obsceno
El recurso a la obscenidad para “deshipocritizar” la cultura ya se
había puesto en marcha en la onda beatnik y el angry generation e incluso
más atrás, con el estallido de indignaciones y prohibiciones provocadas por
Henry Miller y sus Trópicos. La obscenidad pone sobre la mesa la incoherencia
entre el hedonismo funcional, del cual la sociedad de consumo no
puede prescindir si aspira a perpetuarse, y la moral de contención que opera
como resorte psíquico de la acumulación capitalista. La obscenidad es la
puesta en evidencia de ese desajuste, la hipocresía revelada como caricatura.
Lo obsceno no es el gesto mismo de interpelación, sino el efecto que
produce en su desenmascaramiento, la mueca viscosa de un hedonismo
furioso entrelazado en las patas de Calvino, el absurdo de la sociedad opulenta
que requiere conjugar la disciplina de la autocontención con la perversión
polimorfa. Es en este efecto irónico donde la interpelación obscena
desmonta la moral burguesa. No es casual el efecto que a mediados de los
’50 produjo la llegada del rocanrol con toda su carga de sensualidad. El tan
mentado movimiento pélvico de Elvis Presley fue el primer anzuelo musical
puesto en la boca de la moral gregaria: de una parte el rocanrol ofrecía
melodías que por su ritmo contagioso y sencillo eran muy apetecibles por la
industria cultural del momento; pero de otra parte su carga de visceralidad
resultaba demasiado viscosa para el espíritu aséptico y moralista que imponían
los mass-media
Esta misma tensión será recuperada por Morrison y llevada al umbral
de la “transgresión tolerable”. El caso límite es el del concierto ejecutado
por los Doors, en Miami en 1969, donde Morrison lleva al extremo la invocación
de Eldrige Cleaver al recontacto corpóreo por vía del rock, y simula un
acto de masturbación que le costará un engorroso proceso judicial con los
cargos de actitud lasciva, exposición obscena y profanación. En esto el
modelo, más que Presley, es Mick Jagger de los Rolling Stones. Piénsese,
por ejemplo, en el tema “I Can’t Get No Satisfaction”, y en la reacción a los
Rolling Stones, en Londres en 1964, cuando la célebre revista Melody
Maker interrogaba amenazante a sus lectores: “¿Dejaría usted a una hermana
suya salir con un Rolling Stones?” Ilustrativa forma de acusar recibo:
devela un orden simbólico marcado por la decencia de la familia y el control
de sus cuerpos.
En este contexto lo obsceno en Morrison es una forma de confrontación
cultural: frente a una cultura de masas que ha sido sordamente
represiva en sus formas de desublimación, la individuación del propio
cuerpo —como visceralidad, como inmediatez sin autocensura— provoca
en el espacio público un efecto de obscenidad. La obscenidad de Morrison
plasma en el tiempo que se toma sobre el escenario para escenificar la
invitación al placer fálico y anal, la insistencia con que el ídolo de masas
persiste en la transgresión del libreto, la desmesura con que dilata la procacidad
y que puebla el espacio público con una consistencia “viscosa”, lo
“sobrepuebla”, lo extrovierte, en fin, torna “inoperante” la desublimación
represiva. En ese límite el sex-symbol y el ídolo rock ya no sirven para
canalizar energía reprimida; ese “tiempo excesivo” sólo permite desbordar
esa misma energía, hacerla irreconciliable por todos lados. “Profanación” es
el rótulo impuesto por la prensa y la ley del estado de Florida a la irrupción-
Morrison, a su invitación al placer-por-su-nombre. Y dos años antes del
escándalo de Miami, Morrison ya había sido agredido y expulsado por el
propietario del “Whiskey a Go-Go”, de Los Ángeles, por introducir en un
clásico tema (“The End”) el leitmotiv freudiano de Edipo: el asesinato del
padre y la copulación con la madre.
La obscenidad será siempre un convidado de piedra en las exposiciones
públicas de Morrison. Siempre rondará, en la antesala, la duda acerca
del cuánto y el cómo de esta obscenidad en la presentación por venir. El
propio Jim, dotado de vastos recursos histriónicos y una buena formación
teatral y cinematográfica, probablemente dominaba esta tensión más de lo
que se creía. La interpelación obscena tendrá en Morrison, como componente
principal, la imprevisibilidad respecto de su “output” cada vez que
dicha obscenidad entra en escena y sale al espacio público. Esta combinación
provee una clave respecto de este dispositivo de interpelación obscena
al statu quo, a saber: que la obscenidad sólo constituye una interpelación
amenazante cuando su exposición no está previamente pautada en
cuanto a sus límites, vale decir, cuando supera un cierto umbral de incertidumbre.
La lógica del espectáculo de masas queda entonces rebasada por
un “recalentamiento” de la individuación, y este desnivel es precisamente el
lugar de lo obsceno en Morrison. En una cultura del espectáculo y del
simulacro, y donde conviven el fetiche hedonista con el modelo disciplinario
del self-made man, Morrison produce este desnivel. Sólo cuando la
transgresión rompe el límite del espectáculo —cuando se hace imprevisible
en el alcance de sus manifestaciones y en el contenido de su discurso—
se convierte en obsceno, vale decir, en una forma no digerible de
transgresión. Y la lucha contra el conformismo obligará al propio Morrison
a extremar estas manifestaciones conforme el propio sistema vaya expandiendo
las fronteras de lo tolerable y lo previsible.
Si el gesto obsceno constituye una señal distintiva de Morrison, el
consumo simbólico de masas lo reducirá, a pesar suyo, a la figura del sexsymbol.
Pero este mismo destino alienado de su interpelación obscena pone
al descubierto la otra obscenidad, a saber, la del puritanismo hipócrita de
los mass-media que siempre inventan alguna forma trasvestida de “happyend”
para imponerse. La contradicción entre hedonismo y contención quedará
disimulada en el fetiche erótico que aplaca el fantasma del cuerpo
indómito.
Pero lo obsceno apunta no sólo a poner de manifiesto la inconsistencia
del sistema entre sus vertientes hedonista y puritana, sino también
exterioriza lo que está simultáneamente contenido y silenciado en dicho
sistema. Sugerentes son al respecto las imprecaciones del poeta Malay Roy
Coudbery, publicadas en enero de 1967 por Los Angeles Free Press, la
publicación del underground que en ese entonces Morrison leía con tanta
efusión: “Me complaceré en la obscenidad, porque arruinaré y destruiré
todas las distinciones de clase en el lenguaje (…). La obscenidad es un
prejuicio de la burguesía que teme la invasión de la más fuerte cultura de los
estratos inferiores (…). Seguiré defendiendo a la obscenidad hasta que
haya obligado a la sociedad a adoptar el vocabulario total del ‘hombre’”.
En este mismo sentido, el efecto-Morrison es el de La manifestación
de lo silenciado. No es casual el recurso a un paganismo sui generis, sobre
todo en la fugaz obra poética de Morrison, así como el tono pagano que
imprime en los conciertos.10 La versión libre del paganismo opera como
portavoz de fuerzas silenciadas. Ya el rock tiene, de por sí, bastante de
pagano: en el ritual de comunión seudodionisíaca en los conciertos (con
algo del Potlach de las sociedades primitivas, pensemos la analogía entre el
rito primitivo de la destrucción de bienes por parte del jefe del clan con los
músicos rockeros rompiendo instrumentos en el escenario y arrojando sus
trozos al público enardecido), en el panteísmo contemporáneo que propone
o sugiere, en una repulsa casi mística a la moral puritana de las Iglesias
oficiales, en su espiritualización de caos, en su espurio orientalismo. Morrison
lleva esta tendencia a un extremo poco común. Carnaliza el espíritu y
espiritualiza la carne, escenifica lo oculto, “desdisimula”: quiere inundar la
modernidad con paganismo.
La obscenidad se hace difícil de neutralizar en tanto liga el desenfado
erótico a un simulacro de iluminación. Temas musicales como “The End”
fusionan un clima poético de iluminación subjetiva con diatribas contra el
padre, pulsiones incestuosas e invitación a la psicosis. (“Los niños están
todos psicóticos”, “Papá, quiero matarte”, “Mamá, quiero fornicarte”, etc.)
La obscenidad encarna en la imagen del “profeta procaz”. Morrison es a la
vez lascivo y puro, demonio con ángel, filoso y fluido, y en esa mezcla saca
a la luz pública las fuerzas más oscuras: la inconexión psicótica, la asociación
libre llevada al límite de la grosería, el desatino, la desvergüenza, el
desenfado, la pérdida de todo sentido del ridículo. El escenario —el onstage—
es el lugar para hacerlo, el templo del ritual pagano. “El único momento
en que realmente me abro —decía Morrison— es en el escenario; la máscara
de la actuación me lo permite, un lugar en que al ocultarme puedo revelarme”.
Lejos del modelo secularizado que pretende fundamentar la libertad
sexual mediante un discurso psicologizante, Morrison moraliza el placer,
exhorta a su uso como un predicador invertido. No desacraliza, sino que
sacraliza lo pecaminoso o lo reprimido. La obscenidad recae en esta inmediatez
de un goce polimorfo invocada por el “niño-bonito”, el “niño-brillante”,
el “niño-sensible”. Como Georges Bataille, la “puesta en ruido” de lo
que se hace en silencio, la puesta en luz de lo que se practica a oscuras.
10 En el libro póstumo de poesía, The American Night, Morrison retoma el
tema nietzscheano de la muerte de Dios pero como un momento sagrado, de plena
libertad y florecimiento de “personas divinas”. El libro está plagado de sugerencias de
corte pagano: sacrificios humanos para alentar una nueva religión, divinización del
sexo, hedonismo trascendente, etc.

El gesto dionisíaco
Otro gesto discursivo de Morrison se inscribe en el movimiento de
“expansión de la conciencia” que acompaña todo el movimiento musicalcultural
de fines de los ’60 y comienzos de los ’70. “No impedirás a tu
prójimo alterar su conciencia”, proclamaba el gurú-terapeuta del momento,
Timothy Leary. Y el crítico de cine de Los Angeles Free Press señaló alguna
vez: “Si los Beatles y los Stones están ahí para hacer estallar tu mente, los
Doors están para después, una vez que tu mente ya se ha ido”. Morrison
dijo alguna vez, emulando a Blake: “La poesía abre todas las puertas. Puedes
pasar por cualquiera de ellas que te acomode”. Y lo que es más “rimbaudiano”:
“Yo no saldré … tú debes venir a mí … aquí donde yo construyo un
universo dentro del cráneo para rivalizar con lo real”. Varios fenómenos de
la época convergen en este imperativo de expandir las fronteras de la percepción:
la revolución hipercreativa de las formas de la música popular, el
boom de las psicoterapias humanistas y un freudismo pasado por el filtro
libertario de Marcuse y Norman Brown, el teatro experimental y sus happenings,
el consumo intensivo de alucinógenos con fines de aprendizaje y
autoexploración (“Las drogas son una apuesta con tu mente”, señala Morrison
en un poema de Wilderness), y los grandes festivales musicales utilizados
como experiencias de comunión de masas.11
En esta confluencia los Doors establecen vínculos de identidad, síntesis
y diferencias. De una parte, quedarán ex post catalogados como el
grupo pionero del “acid-rock”. En el árbol genealógico del Pop, Albert Raisner
ubica a los Doors en el centro del “acid rock”, como grupo del underground
psicodélico. El ritmo lento y aletargado, armonías que suenan irreales,
timbres nuevos, canciones de larga duración, son elementos propios de
las primeras formas del “acid rock”, desde los Doors hasta Pink Floyd: “Para
los creadores de “acid rock” se trata de saltar hacia los paraísos artificiales
con los cuales enriquecer la vida cotidiana de ellos y de los demás”.12 El
mismo nombre del grupo The Doors es indicativo, pues nace del conocido
poema de Blake tantas veces citado por Morrison (“Si las puertas de la
percepción se limpiasen, todo se le presentaría al hombre tal como es de
verdad: infinito”). Morrison mismo habló recurrentemente de su voluntad
por extremar los límites de la percepción y “pasar al otro lado”.13 Ray Manzarek,
el tecladista de los Doors y arreglador del grupo, lo llamó alguna vez
el “chamán eléctrico”, cosa que a Morrison no le desagradaba en absoluto
como imagen mistificada y pagana de sí mismo. Un pasaje de su prosa
poética resulta llamativo en este punto: “En la sesión, el chamán conducía.
Un pánico sensual, deliberadamente evocado por medio de drogas, cánticos,
danzas, lleva al chamán al trance. La voz cambia, el movimiento es
convulsivo. Actúa como un loco. Estas histerias profesionales, elegidas
precisamente por su aprendizaje psicótico, eran dignas de estima. Mediaban
entre el hombre y el mundo espiritual. Sus viajes mentales formaban el eje
de la vida religiosa de la tribu”.14
Los Doors operan también como síntesis entre una experiencia de
masas y una propuesta crítica-ilustrada. Por un lado, Morrison estaba imbuido
en el discurso del underground psicodélico ilustrado, del pop culto,
desde Andy Warhol hasta el Living Theatre, pasando por Timothy Leary,
Norman Brown y Allen Ginsberg. También podía hacer de puente entre el
rock y la nueva izquierda “radical” de Jerry Rubin y de los antipsiquiatras
ingleses.15 Por otro lado, los conciertos de los Doors y su impacto en el
mercado discográfico constituyen un fenómeno multitudinario. En esta síntesis,
Morrison es el rock y a la vez el discurso sobre el rock, consumido por
adolescentes de clase media y supervalorado por la nueva izquierda y la
nueva estética: el vaso comunicante entre el Village y el Madison Square
Garden, la fusión de la política radical con una radicalidad transpolítica, el
rockero y el poeta. El célebre poeta inglés Michael McClure, con quien
Morrison tuvo encuentros poéticos y trasnochados, señaló algunos años
después de la muerte de Morrison: “No conozco poeta que lo supere dentro
de la generación de Jim. Pocos poetas han sido figuras públicas o animadores
de tal envergadura”.16 Las declaraciones de Morrison en las entrevistas
ilustran este puente entre el poeta maldito, el radical ilustrado y el ídolo de
masas. Hacia fines del 66 —por tomar un ejemplo— declara: “Siempre me he
sentido atraído por ideas relativas a la revuelta contra la autoridad: cuando
te reconcilias con la autoridad, te conviertes en una autoridad. Me gustan
las ideas que promueven la ruptura y el desborde del orden establecido. Me
interesa todo lo relacionado con la revuelta, el desorden, el caos y, sobre
todo, la actividad que parece carecer de todo sentido”.17
Sin embargo, Morrison también introduce fisuras en este juego de
identidad y de síntesis entre rock de masas, expansión de la conciencia y
radicalidad culta. Su “gesto dionisíaco” tiene un efecto disolutivo que
transgrede incluso las contrarreglas de hippies, antipsiquiatras y radicales.
En este sentido Morrison está más cerca de Mick Jagger y los Rolling
Stones que de John Lennon y los Beatles.18 Entra en la lista de los malditos
del rock y los que mueren reventados: Lenny Bruce, Brian Jones, Jimmy
Hendrix y Janis Joplin. Su propia poesía muestra la veta disolutiva con giros
tales como “cuánto más se extrema el cuerpo más fuerte crece el espíritu”, y
referencias a sueños calientes, danzas febriles, libertad con locura. Son ilustrativos
algunos trozos de uno de sus libros póstumos de poesía. En Wilderness
encontramos un breve poema de resonancia dionisíaca: “Las políticas
del éxtasis son reales/ Acaso no las sientes trabajando dentro tuyo/
haciendo de la noche el día/ mezclando sol con mar”.19 Otro de los libros
póstumos está poblado de sugerencias dionisíacas: lujuria en las calles,
burla luminosa, temperamentos inflamados, bacanales de liberación.20 Dionisos
vs. Tío Sam es la pugna que subyace a muchos de los poemas en este
1991).
texto. Y en su obra poética más influida por Blake y Rimbaud las resonancias
dionisíacas son muy marcadas: “Todos los juegos contienen la idea de
la muerte”, o “el miedo y la atracción de ser deglutidos”, o “libre para
disolverse en la vorágine estival”, o la pregunta “¿Qué sacrificio, a qué
precio puede nacer la ciudad?”.21 El panteísmo urbano-moderno aparece
por todos lados en esta primera obra poética de Morrison. La máxima de
Blake según la cual “el camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría”,
y el llamado de Rimbaud a la “desorganización de todos los sentidos”,
repican como una mantra en la cabeza de un Morrison marcado por ambos
poetas. Y su juego de fundir sangres con su refinada amante Ingrid Thompson
no es casual, si se recuerda que antes de los 20 años Morrison se
encerraba en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos a devorar libros
de demonología en la Inglaterra de los siglos XVI y XVII, y a demostrar que
Geronimus Bosch era miembro de la secta hereje de los adamitas. Todo esto
es congruente con el tipo de conciertos que dieron a los Doors una reputación
poco moral: performances en el escenario con alucinógenos en los
bolsillos y en la cabeza, simulaciones onanistas con ajustados pantalones
negros de cuero, e invitaciones a la comunión orgiástica.
Si el gesto obsceno irrumpe desde Morrison como individualidad
viscosa, el gesto dionisíaco lo hace como amenaza a la individualidad. El
Dionisos de Morrison cancela cualquier posibilidad de individuación. En la
literatura norteamericana está pendiente hacia la disolución, que de manera
efectiva o virtual en la muerte; está más cerca de Borroughs que de Ginsberg.
La invitación a este tipo de lucidez que desemboca en la disolución no
sólo atenta contra el espíritu de la modernidad establecida, sino también
contra la crítica de la modernidad que en los ’60 se consagraba en el arte, la
cultura crítica y la psicoterapia experimental. Una vez más, exceso de paganismo.
Los valores emergentes de “crecimiento personal”, autenticidad, o
revolución en la organización social no sobreviven en el gesto dionisíaco:
son arrastrados también por la tendencia fusionante-disolvente del gesto.
¿Significa esto que el gesto dionisíaco de Morrison es contraproducente
también para la “izquierda crítica”? ¿O esta insubordinación, que incluso
transgrede el discurso del neohumanismo de los sesenta, implica, por
el contrario, una fuerza más radical todavía?
Difícil dilucidarlo. Si se trata de radicalidad, la revuelta de los sesenta
no fructificó en la utopía albergada en su esperanza. En parte, cayó en la
trama de desublimación represiva advertida por Marcuse; en parte, se institucionalizó
en los márgenes del statu quo, y en parte, también, modificó la
sensibilidad gregaria. Morrison también fue fetichizado por los mass-media
y la cultura del consumo, y sobre eso volveremos más adelante. Pero hay en
su fugaz trayectoria un gesto dionisíaco que permanece insumiso y extraño.
Las imágenes que se le repiten algo parecieran indicar, si bien de manera
difusa: los indios desangrándose sobre una carretera de Nueva México; las
colegialas “violadas en edificios de verano”. La cotidianeidad se inunda
con pequeños apocalipsis. “Cada día como un viaje a través de la historia”
evoca en uno de sus poemas. Lo dionisíaco aparece como una escatología
incesante, pero sin final. Desplazado de su escena ancestral y llevado a los
tiempos de Morrison, el gesto dionisíaco se convierte en un curioso gesto
de disolución: aniquilamientos virtuales, fusiones casi histéricas. Pero la
histeria ya no como materia de disquisición clínica, sino como materialización
de una energía a-social, puesta en marcha de un movimiento colectivo
sin actor colectivo. En esta figura, la radicalidad ya no apela a la utopía de
las “potencialidades humanas”: el gesto dionisíaco está mucho más acá o
más allá de la cuestión de las potencialidades, hace referencia al absurdo de
todo ordenamiento humano y a la arbitrariedad de cualquier lógica social. La
invitación a una fusión sin reserva, sea o no tomada en serio por la masa
que presencia, afirma por sí misma una incontestable veracidad del caos. El
festín de Morrison disuelve el orden de lo social en el caos de los impulsos
polimorfos, donde hay tantas verdades como delirios posibles. Las usinas
humeantes del deseo muelen cualquier realidad que se pretenda claramente
comunicable o normalizadora, cualquier logos cultural o contracultural. Uno
de los poemas en el Wilderness de Morrison ilustra esta imagen de caos
dionisíaco: “Vuelve a entrar en el dulce bosque/ Entra en el sueño caliente,
ven con nosotros/ Todo está despedazado/ y baila”. Caos significa aquí un
orden que evidencia su capricho original, vale decir, la evidencia de que
cualquier orden puede verse como el mero relato de un orden entre otros,
apenas descriptivo y, por lo tanto, perfectamente prescindible.
El gesto dionisíaco produce este efecto. Es allí donde la disolución
opera, a la vez, con mayor levedad y resolución. La danza desordenada de
Morrison sobre el escenario, la integridad siempre a punto de quebrarse, la
confusión de las tantas figuras que encarna casi simultáneamente, las verdades
que se devoran unas a otras, la borrachera mental que ya no puede
separarse de la borrachera de la realidad: todo importa y nada importa. Dionisos
ilumina pero a la vez incendia cualquier pretensión iluminista. No hay
direccionalidad, no hay fundamento, no hay razón. Todo se pegotea con
todo y, por lo mismo, nada con nada. Sólo esa apariencia de locura puede
tocar una esencia de la libertad, en cuanto mezcla las descripciones del
mundo, rompe la ilusión de un sujeto trascendental y de un mundo suscep18
tible de descripciones únicas: “No estoy loco, decía Morrison, lo que me
interesa es la libertad”.
El gesto dionisíaco de Morrison es, por lo tanto, contra la modernidad,
incluida la de izquierda y la modernidad autocrítica. Lo dionisíaco es la
imposibilidad de sujetos constituidos y diferenciados, la pulverización de
un mundo moderno que jerarquiza consumidores y consumidos, observadores
y protagonistas. Es también la imposibilidad misma de los mass-media
como productores de una vida vicaria para sus consumidores (en la televisión,
en el cine, en el teatro, en la novela, en la figura de los ídolos y los
personajes). Nada lo ilustra mejor que la visión que Morrison entrega de la
modernidad en su primera obra poética: “La jerarquía de los hombres entre
actores y espectadores es el hecho básico de nuestro tiempo. Estamos obsesionados
con héroes que viven en nuestro lugar y a quienes castigamos…,
nos conformamos con lo ‘dado’ en la búsqueda de nuestras sensaciones.
Nos hemos metamorfoseado desde un cuerpo enloquecido que
danza en las colinas en un par de ojos que observan en la oscuridad”.22
Dionisos contra una modernidad “voyerista” condenada a las distinciones:
“En mayor o menor medida todos padecemos la psicología del voyerista. No
en un sentido estrictamente clínico o criminal, sino en toda nuestra postura
física y emocional ante el mundo. Cada vez que buscamos romper este
dictado de la pasividad, nuestras acciones son crueles y torpes y generalmente
obscenas, como un inválido que ha olvidado cómo caminar”.23 El
Dionisos de Morrison se vuelca también contra todo discurso crítico que
incurre en la lógica del “vampiro callado” del voyerista: Dionisos experimenta,
el crítico observa. Disolución de la modernidad como jerarquía de actores
y de observadores. Llámese paganismo contemporáneo, panteísmo libertario,
escatología urbana. “Trata de incendiar la noche”, dice la canción.
El gesto dionisíaco marca la distancia, disolviendo toda distancia
entre el observador y conformista y su imagen, y entre el observador crítico
y su objeto. Morrison sintetiza la contracultura pero también la rebasa. Va
más allá, a la oscuridad de las mezclas, a la densidad de las enloquecidas
transfiguraciones. Pagano, demasiado pagano.
Gesto obsceno y gesto dionisíaco: individualidad viscosa y disolución
de identidad son dos operaciones en las antípodas, pero ambas violentan
la modernidad y la crítica de la modernidad. La obscenidad destapa la
zona oscura del individualismo y le obstruye su regreso a la sociabilidad de
masas. La invocación dionisíaca apunta al otro extremo de la penumbra,
destapa lo que las masas más temen de sí: la caída sin retorno a la reconstitución
de un sujeto. La modernidad queda en jaque a dos puntas. La mezcla-
Morrison no es sólo un par de gestos discursivos: es la inviabilidad de
cualquier otro gesto que le sobreviva. ¿Quién podrá defenderse de esta
astucia del paganismo?


III. SEGUNDO ELEMENTO DE LA MEZCLA-MORRISON:
ENTRE EL SHOW DE LA TRANSGRESIÓN Y
LA TRANSGRESIÓN DEL SHOW
Morrison trata de abrir una fisura en la “desublimación represiva”
que Marcuse, en la misma época, tanto imputaba a la acción del sistema. El
rock de los ’60 ilustró a la postre esta tesis marcusiana, según la cual la
transgresión a la ideología y a la cultura represiva es recuperada para el
consumo de masas, neutralizada mediante su incorporación en los massmedia,
restringida a una especie de rebelión dominical o vacacional, integrando
así el propio metabolismo del orden de cosas que pretende impugnar.
El poster de Guevara y de Hendrix en las alcobas de adolescentes que
forman parte del “grupo de honor” en sus escuelas —hoy pululan en las
grandes ciudades las postales con fotos de Morrison—, o las orgías donde
la sexualidad se invierte de un modo prolijamente reglamentado y se olvidan
de regreso al hogar, serían claros ejemplos de esta sublimación represiva. El
rock también puede ubicarse en el mismo contexto, como mero simulacro de
comunidades de repulsa: “Mientras sus variados auditorios pueden verse
como si formaran comunidades identificables, de hecho sólo son el simulacro
de tales comunidades, imágenes temporarias, como la ola humana en los
estadios, celebraciones momentáneas de una comunidad imposible en medio
de un anonimato obligado”.24 Vale la pena recordar que el rock, con
todo su discurso contracultural y su efecto irritante en los conflictos intergeneracionales,
dio un impulso inédito al “show-business”, les permitió a
los grandes sellos discográficos multiplicar exponencialmente sus ventas y
a los productores de conciertos ampliar sus ganancias como nunca antes.25
Los Doors no escaparon a este peaje del establishment, y junto al
éxito discográfico vino la fetichización de su imagen para el consumo de
una vasta clase media conformista y dotada de cierta sensibilidad para los
productos exóticos. Muy ilustrativos resultan, en este respecto, los epítetos
que las revistas de mayor consumo de masas, tanto del establishment como
del underground, pusieron junto a las fotos de The Doors en sus tiempos
de gloria. El Newsweek se refirió a ellos como “un mundo de Halloween y
frutas prohibidas” en su número del 6 de noviembre del 67, mientras el
Village Voice se refería a Morrison afirmando que “realmente no ha habido
un símbolo sexual de tal altura desde que murió James Dean (…) podría
convertirse en lo más apetecido para la libido de masas por un largo tiempo”.
El crítico neoyorquino Albert Goldman lo apodó “Dionisos de la era del
surf” y “Adonis hippie”. Otros titulares hablaban de Morrison como “poético
pero no bonito”, “sexualidad infantil perverso-polimorfa”, etc.26 El fenómeno-
Morrison y el éxito de The Doors entraban así al círculo dócil del
pintoresquismo de masas.
Esta fetichización no escapó a los ojos de Morrison y mantuvo con
ella una relación problemática. La desublimación represiva era, precisamente,
el costo que él quería evitar, y se expresa en muchos de sus conflictos
con los otros integrantes de The Doors, sus reservas en los modos de
comercialización de las canciones del grupo, sus formas de abordar las entrevistas
de prensa y sus exabruptos en los conciertos masivos. Sabía que
la eficacia del arte contestatario radicaba en el peaje que éste era capaz de
cobrarle, a su vez, al “show-business” y al consumo de masas. Pero la
batalla contra su propio fetiche tampoco estaba exenta de ambigüedades,
pues la seducción de la cámara fotográfica y del impacto noticioso también
operaban como bálsamo para su propia autoimagen.
La relación de peaje mutuo que los Doors entablan con el sistema ya
tenía algunos precedentes en los Rolling Stones, Janis Joplin y otros rockeros
reventados que podrían alistarse en las zonas de la contracultura. En el caso
del rock, la cuestión es de confrontación en el propio terreno de la cultura de
masas: o bien allí se diluyen los discursos de ruptura, o bien cavan agujeros.
Morrison quiere cobrar alto su peaje. Explota como nadie la idea de que el
recital de masas debe capitalizarse como un escenario de insurrección y
descontrol. Entra en crisis con su propio público cuando éste se vuelve
acrítico y más atraído por la sugestión fálica del sex-symbol que por los
mensajes de ruptura. No tolera ese espejo ni ser el espejo indulgente para el
público. Hacia 1968 se vuelca contra sus fans, y durante meses los estuvo
escupiendo en los conciertos (o escupiendo la imagen que ellos tenían de él).
Se reserva el derecho de improvisar a tal extremo en sus presentaciones en
vivo que genera incertidumbre entre sus propios compañeros, excitación en el
público, desconfianza en los promotores y desasosiego en la policía. Recurre
a los límites de la obscenidad y allí se instala por ratos que a ratos exceden el
umbral de la desublimación represiva.
Hacia la segunda mitad de 1968 aparece en Estados Unidos un nuevo
modelo de recital rock, el riot-concert (o “concierto- revuelta”), en el que
se pretende provocar el delirio del auditorio para hacer presente alguna
forma de desborde: saltos al escenario, interrupciones de las performances
por obra de un público descontrolado, todo lo cual obligaba a un creciente
control policial dentro de los recintos del concierto rock. Morrison fue una
de las primeras figuras en motivar el tránsito del concierto-comunión al
concierto-revuelta, pero también fue uno de los primeros en verificar cómo
este tránsito no escapaba al sistema de fetichización. En una entrevista
señaló: “Traté de estimular algunos líos, y después de algunos intentos me
di cuenta de que era un chiste. Pronto llegó a un punto en que la gente creía
que un concierto sólo era exitoso si todos saltaban y corrían un poco. Es un
chiste porque no conduce a nada. Creo que sería mejor dar un concierto y
mantener sumergido el feeling para que a la hora de marcharse todos vuelquen
esa energía hacia las calles y de vuelta a casa”.27 Esta misma frustración
lo lleva a extremar las cosas al límite de la legalidad en su primer concierto
en Miami ofrecido en 1969.
El concierto del 69 en Miami le costó a Morrison un largo y engorroso
proceso judicial entablado por el Estado de Florida, con los cargos de
felonía, masturbación, actitud lasciva, exposición indecente, abierta profanación
y ebriedad. La invitación al placer que Morrison le formuló a un
público acrítico y enardecido no fue un arrebato espontáneo del vocalista
de los Doors, sino la puesta en práctica del modelo propuesto por “Paradise
Now” de llegar al límite de la ley. Publicitado por los mass-media, el juicio
debió producir un efecto contradictorio en el propio Morrison: fastidio, por
un lado; pero, por el otro, cierta complacencia en haber puesto en evidencia
los límites de la ley cuando se trata de transgresiones con potente resonancia
simbólica. El escándalo de Miami y el proceso que le siguió constituyen,
en el caso Morrison, el momento en que la tensión entre el “show-business”
y el escándalo de la transgresión alcanzó su máxima temperatura.
¿Qué ocurrió en ese concierto realmente? Llama la atención que los
cargos imputados a Morrison reflejaron una evidente confusión, por parte
de la autoridad judicial, entre el plano simbólico y el real: la masturbación, la
felonía y la exposición indecente fueron simulacros explícitos en sus alusiones,
pero simulacros al fin. Este punto no es irrelevante cuando se trata de
examinar en qué momento el show de la transgresión se transmuta en transgresión
del show, vale decir, en qué situación la desublimación represiva
deviene sublimación subversiva. La mezcla de elementos que Morrison actualizó
sobre el escenario da una pauta. Por un lado, las larguísimas interrupciones
en la continuidad de la música para imprecar fuera de libreto al
público, a sus propios compañeros de grupo, al molde del espectáculo, a la
policía, a las familias y a los valores. En segundo lugar, un discurso que
también se salía del libreto sin medida de tiempo y sin sentido del espectáculo,
y en el que incitaba al público a practicar ya mismo un amor despojado
de sentimentalismo y de asepsia puritana. La siguiente transcripción de sus
monólogos en el recital de Miami, basada en la documentación recopilada
en la biografía de Morrison ya citada, nos da una idea: “Hey, escuchen, me
siento solo, necesito un poco de amor, pasarlo bien… ¿Acaso ninguno de
ustedes va a venir a amar mi culo? Vamos, vengan…; lo necesito, sí, lo
necesito, sí lo necesito, sí…; ¡vengan de una buena vez!…; ¡son ustedes
una manga de idiotas de mierda!… ¡Cómo dejan que otros les digan lo que
tienen que hacer! ¡Cómo dejan que otros los empujen así! ¿Cuánto tiempo
creen que esto va a durar? ¿Hasta cuándo se van a dejar empujar así?
¿Hasta cuándo? A lo mejor les encanta, a lo mejor les gusta que les enrostren
la jeta en la mierda… ¡Ustedes son todos una manga de esclavos! ¿Qué
van a hacer para remediarlo, qué van a hacer?”
A esta altura el show de la transgresión —la desublimación represiva—
hacía agua por varios lados. La imagen del “público-rebaño” había
sido nombrada sin eufemismos y sería blasfemada durante casi una hora.
Paradójicamente, Morrison hacía el papel del pastor que forzaba al rebaño a
des-constituirse como tal. Imprecaba su conformismo y, al mismo tiempo, le
exigía actuar en conformidad con la invitación orgiástica que él le formulaba
en ese momento. La desestructuración consistía en usar el mismo mecanismo
de fetichización e idolatría impuesto por la cultura de los mass-media,
pero invirtiendo sus mensajes. De esta manera, Morrison aprovechaba la
condición de ídolo que le había consagrado el mercado cultural, pero para
pastorear sus ovejas por el camino del lobo o del macho cabrío. En esta
mezcla de formatos establecidos con mensajes revulsivos, Morrison no desistía
del vínculo de adoración y endiosamiento que lo situaba por encima
de su público, sino que movilizaba ese mismo vínculo en un sentido muy
particular: para transmutar la adoración en orgía, vale decir, para disolver el
vínculo entre el espectador y el músico y, por extensión, entre el individuo y
el ordenamiento del poder. En esta mezcla no cabía forma alguna de desublimación
represiva, sino sólo la disyuntiva entre transgresión frontal u obediencia
estúpida.
Mientras tanto el productor de los Doors, errático y confundido,
intervenía en el escenario para suplicarle a Morrison que cortara las interrupciones
y siguiera con los temas musicales que, una y otra vez, los otros
integrantes del grupo comenzaban a ejecutar para retomar el espectáculo.
Esta visibilidad del desconcierto por parte de los responsables del espectáculo
fue otro elemento clave en el tránsito del show de la transgresión a la
transgresión del show. La ira “en vivo” de Morrison contra sus propios
músicos y el productor aumentó el efecto de lo imprevisto. La transgresión
de la ley y de las reglas, que Morrison les pedía a sus jóvenes auditores,
aparecía casi involuntariamente ilustrada por la indocilidad del propio Morrison
frente a sus propios compañeros en el escenario, que ya no parecían
tolerar tal exceso. Se instalaba, con ello, una línea de desarreglos que iba a
desde la forma del espectáculo hasta los contenidos de la interpelación de
Morrison al público. Conforme se desmoronaba la estructura del show —no
ya como un desmoronamiento teatral, concertado, previsto, sino realmente
fuera de control—, la invitación de Morrison al público a sexualizarse y a
“meterse las normas por el culo” también adquiría un efecto des-teatralizado.
No es casual, pues, que el Estado de Florida se haya querellado tomando
lo simbólico por real —la masturbación, la exposición de genitales—. No
es casualidad, tampoco, que después de casi una hora de invitación a la
orgía el público haya terminado por lanzarse sobre el escenario, y un espectador
le haya regalado un cabrito vivo a Morrison, quien lo alzaba al más
puro estilo de un festín dionisíaco; y pese a que uno de los promotores
tomó el micrófono para detener el show y advertir al público sobre los
peligros del caso, las adolescentes subieron a la tarima a bailar con Morrison,
quien hacía oídos sordos a las advertencias, bailaba con ellas y gritaba:
“No nos vamos hasta sacar la roca (¿el sexo?) para afuera”. Una vez que
el escenario se pobló de jóvenes que bailaban y gritaban, uno de los oficiales
de seguridad del espectáculo intervino y sacó a Morrison de la escena.
El delirio siguió por un rato mientras Morrison se desplazaba hacia los
camarines.
Después vino el proceso judicial y de allí en adelante los Doors
tuvieron que recorrer la pendiente conocida hacia la contención, menos
poder para Morrison, y un volumen decreciente de caotización en público.
Pero el gesto de sublimación transgresora había abierto un “momento de
caos” que iba más allá del sensacionalismo para la prensa y el castigo de la
ley. Más aún, el discurso de la ley no hizo más que denunciar precisamente
el sentido que Morrison buscaba en su gesto: proponer desde una posición
minoritaria un tipo de discurso capaz de convertirse en regla general. No es
casual que el juez del caso, Murray Goodman, haya invocado un razonamiento
kantiano como argumento para dictaminar su sentencia: “Si admitimos
que esta nación acepta, como estándar de comunidad, la exposición
indecente y el lenguaje ofensivo que usted ha utilizado, admitiríamos que
una pequeña minoría que prefiere obscenidades, desestima la ley, el orden y
desprecia totalmente nuestras instituciones y nuestro patrimonio, decide
sobre los estándares comunitarios para todos nosotros”.28
Morrison había ejecutado su mezcla en versión fidedigna y sin concesiones.
Más que un show, la desestructuración de todo show pensable,
el sabotaje al reino de la representación, el retorno a una locura presimbólica.
Recordemos la ya citada frase de uno de sus poemas: “Nos han reducido
de un cuerpo loco bailando en la colina a un par de ojos observando en
la oscuridad”. A tal punto se entreveró lo simbólico con lo real, que finalmente
el acatamiento de los auditores a subir a bailar y amarse sobre el
escenario también podía dar la impresión de un desacatamiento decisivo de
las normas represivas que Morrison una y otra vez invitaba a violar. La
convocación a ser lascivamente amado por su público “ya y sin más dilación”,
la increpación a la resistencia del público a seguir su invitación; la
forma lúcida, desafiante y crítica de ligar esa resistencia a los “amos represivos”
de la sociedad (educación, familia, Tío Sam, etc.); la invitación “ya
mismo” a desembarazarse de la represión sexual; la increpación sobre el
escenario a los productores y músicos; la duración de todas estas imprecaciones,
y finalmente la caotización del espectáculo con los jóvenes efectiva-
mente subiendo a bailar y gritar al escenario: todo esto acabó formando
parte de una sola línea de disolución. Conforme el show se desdibujaba, se
desdibujaba también la eficacia de la sublimación represiva. La “simulación”
de que cualquier cosa podía ocurrir se confundió, por un momento, con la
“sensación” de que podía pasar cualquier cosa. En algún álgido punto de la
noche el caos dejó de ser fetichizable; Dionisos no fue más una representación
histérica, el paganismo se sustrajo al control del padre cautelador.
No fue casual. La experiencia de Morrison con el Living Theatre y el
tipo de discurso que activó en escena durante la tórrida noche de Miami
mostraban una filiación deliberada. Otros conciertos previos de los Doors
ya habían requerido la intervención de la policía para contener los excesos
de Morrison, pero fue en el concierto de Miami donde esta filiación discursiva
revertió el show del desorden en imposibilidad de cualquier show. La
defenestración del padre fue escenificada en varios flancos simultáneos:
contra los músicos y organizadores del espectáculo, contra la pasividad y
sometimiento del público, contra la versión “blanqueada” del amor, contra
las instituciones. Un hilo luminoso de desacato pudo establecerse entre el
micrófono y la masa de auditores. El peaje a Tío Sam se había cobrado esta
vez.
El umbral de transgresión alcanzado en Miami pone de manifiesto
una tensión que recorre todo el itinerario del rock: aquella entre una auténtica
reorganización sensorial-afectiva y una reabsorción de esa voluntad en
la dinámica del consumo mercantil. En el rock “la música no se restringe a
objetos o textos singulares —la canción, el disco— sino que existe en una
realidad intertextual o transtextual en la que producir, bailar o escuchar la
música nos hace a todos, en cierto modo, convertirnos en sus autores (…) y
a través de nuestros cuerpos la música se une y enreda con otras historias
—ropa y clase, moda y fantasía, estilo y sexo, raza, género, deseo, etc.—“.29
Morrison usó el rock para inclinar la balanza hacia el lado del caos, en
contraposición al uso que el sistema de consumo hizo del rock a través
del montaje discográfico y el show business. Tal vez esto fue posible porque,
a diferencia de otras estrellas del rock, Morrison no era realmente un
rockero, ni siquiera era un músico. Se apropió del rock como pudo hacerlo
de una cámara cinematográfica o de un texto poético, cosa que también hizo
o intentó antes y después de su paso por el rock. Allí instaló una diferencia
propia de su mezcla: instrumentalizó un género musical para llevarlo al terreno
opuesto al que ese género fue conducido por la industria cultural. Inten-
sificó los elementos de transformación del rock: la reorganización de la vida
en torno a una producción estética que simbolizaba la libertad expresiva, y
el paso deliberado de la explosión expresiva del rock (en las formas de
musicalizar, poetizar, sentir, escuchar y bailar) a una explosión moral que
fuera más allá de la desublimación represiva (sobre todo a través de una
imagen difusa de orgía desreglamentada). Más que entretener, Morrison
quiso hacer uso del rock para socavar las raíces del aburrimiento: la disciplina
de la producción industrial y el rito mediocre del consumo. Más que
canalizar energías reprimidas, hacerlas rebasar las estructuras de la represión
(valga el ejemplo de Miami). El rock fue, en este sentido, el ring en que
Morrison libró su propia guerra contra el conformismo del “American way
of life” —y la guerra contra toda simulación conformista de transgresión a
este modo de vida—. En este contexto debiera explicarse la exacerbación y
des-histerización que hizo Morrison de algunos elementos incipientes del
rock: su paganismo “libre”, su trabajo con la imagen del caos, su matriz
dionisíaca, su coqueteo con el peligro y con la muerte,30 su apelación a
expresiones capaces de subvertir tanto normas expresivas como valóricas,
su llamado a la visceralidad, su impulso a socializar una autoexploración que
rebasara los límites de la sociabilidad. Morrison puso el pie en este acelerador
a fin de llevar las cosas a un rango de velocidad inadaptable al juego de
velocidades operado por el propio espectáculo del rock.
Morrison también empujó al extremo una forma insubordinada de
concebir el rock que otros grupos musicales emprendieron en niveles menos
lúcidos o radicales. Usó el rock para caricaturizar una manipulación
comunicacional-mercantil que reducía el rock, a su vez, a una caricatura de
la transgresión. “Todo se da como si estos grupos sofisticados se asignaran
un rol de espejo aumentado y deformado para devolverle a la sociedad
una imagen de sí misma caricaturesca y exorcizante (…). Puede verse todavía,
en la apuesta de proyectar sobre el escenario la depravación, la profanación
y los demonios inconscientes, el deseo de llevar la provocación
siempre más lejos, a fin de que el rock siempre se mantenga fiel a su vocación,
cual es nunca llegar a ser respetable ni respetado. Así, a su manera,
los últimos avatares del pop se unen a la sensibilidad general de una época
en que las manifestaciones intelectuales y teatrales, bajo el signo de Antonin
Artaud y Georges Bataille, exaltan con gusto la esquizofrenia y los
espectáculos paroxísticos de la disociación interior”.31 El histrionismo que
Morrison tomó de sus dotes naturales y sus estudios en artes dramáticas
fue puesto al servicio de esta operación en que se manipula al manipulador.
¿Cómo cooptar a Dionisos? ¿Cómo histrionizar al histrionizador?
¿Cómo encuadrar en el libreto del espectáculo de masas al que rompe el
libreto más allá del límite de las improvisaciones propias de cualquier libreto?
Sin embargo, Morrison no dejó de ser un símbolo sexual, una estrella de
rock y un personaje excéntrico ofrecido al público masivo para ser masticado
y fetichizado. El peaje es mutuo. El paganismo queda apresado en las
portadas de las revistas de mayor venta, Dionisos sale de la corte del Estado
de Florida para enterrarse en la literatura, el panteísmo vuelve a someterse
a la inercia de las idolatrías.
Hoy día el sitio de los cambios radicales está despoblado, o se repliega
y domestica en el campo de la estética, en las sensaciones, en el arte,
en la expresividad. Este campo no cobra peaje a las estructuras de la mercantilización,
sino todo lo contrario: se inserta en ellas con una copa de
champán en la mano. En medio de este verdor postmoderno donde se secan
las utopías de los años sesenta, Morrison reaparece en una superproducción
de pantalla gigante. La película es una exageración. Morrison tal vez
fue también una exageración. Pero esta nueva exageración de la exageración
devuelve a Morrison al país de los simulacros: al formato del show, de la
histeria y del símil. De un lado, lo contemplan los nostálgicos. Del otro, un
montón de jóvenes de cuestionable lucidez que gritan letras de canciones
ignorando su contenido, saltando de una butaca a otra en busca de un
trago de cerveza. Es más claro hoy en el cine, que hace veinticuatro años en
vivo, el efecto de desublimación represiva que convierte el grito de guerra
en otro somnífero enmascarado. Morrison reaparece en el circuito de la
martirología barata.
Sin embargo, la mezcla Morrison sigue en un lugar difícil de precisar,
junto a los últimos paganos. Los gritos de Miami fueron reales y forman
parte de un registro que tarde o temprano habrá que retomar sin domesticar.
El gesto obsceno y el gesto dionisíaco no forman hoy la mezcla disolvente,
y se invocan como apacibles exabruptos de un mundo donde la libertad
expresiva firmó un pacto de coexistencia pacífica con el capitalismo a escala
planetaria. Pero en cualquier momento el libreto puede volver a desfondarse,
y la mezcla tendrá que pasar una vez más del simulacro a las vísceras.

Notas.

1 Y esta misma ruptura que apela a los padres ilustres, trasunta también un
anhelo fundacional. No han de extrañar, por ejemplo, estas palabras de Timothy Leary,
el gurú del lisérgico en los ’60: “Salimos a cambiar la cultura. En los próximos diez años
la generación psicodélica (…) tendrá más y más que decir. Es seguro que las leyes
cambiarán. No entiendo cómo puede el norteamericano medio pensar que todas las
religiones ya han sido fundadas, que todas las soluciones políticas ya han sido elaboradas.
Insto a todo el mundo, sobre todo a los jóvenes, que piensen en fundar su propia
religión (…), en fundar su propio país…” (Los Angeles Free Press, 13 de enero de 1967,
dicho sea de paso, el periódico underground predilecto de Jim Morrison). Y el comentario
más entusiasta que objetivo de Richard Albert en el San Francisco Oracle, en la
misma época: “¿Ustedes se dan cuenta de que en siete u ocho años la población psicodélica
de los Estados Unidos podrá, mediante su voto, llevar al gobierno a quien quiera?”.
(Citados ambos por Jerry Hopkins, El libro Hippie, trad. por Florinda Friedman (Argentina:
Editorial Brújula, 1969).
2 Ese año, en la misma zona donde vivía Jim —el Bay Area en torno a San
Francisco—, aparece la palabra “beatnik”. En seguida Morrison, en plena enseñanza
media, se hace lector de Lawrence Ferlinghetti y Allen Ginsberg, los poetas de la
generación furiosa (angry generation).

3 Bautizado también como el primer “melha” norteamericano por el San Francisco
Oracle, con la presencia de unas cuantas vacas sagradas de la música y la revolución
de la conciencia: Dizzy Gillesppie, Jefferson Airplane, Timothy Leary, Allen
Ginsberg y otros.

4 Roberto Muggiati, Rock: el grito y el mito, trad. de Francisco Lage Pessoa
(México: Siglo Veintiuno Editores, 1974), p. 37.
5 En un periódico underground de Berkeley, en mayo del 67, un miembro del
grupo de los Fugs decía: “Por medio del baile, me refiero a un baile de tipo orgiástico,
uno entra, con su propio cuerpo y sus propios sentimientos, en un tipo de contacto con
la gente que la mayoría no conoce. Si todos pudieran bailar como digo, la revolución ya
se habría realizado”. (Citado por Jerry Hopkins, op. cit., p. 248.)

6 Roberto Muggiati, op. cit., p. 118.

7 En Roberto Muggiati, Rock: el grito y el mito, op. cit., p. 17. Y en el mismo
texto, el rescate del rocanrol de los 50 como el gran salto en esta dirección: “La nueva
música demolía el repertorio cursi de los Bing Crosby y Perry Como, cuyo problema
principal era cómo rimar moon y june. En su lugar los rocanroleros proponían un
universo sonoro abierto a la vida, lleno de olor y color…”. Más osadas son las impresiones
de Jerry Rubin, líder de la nueva izquierda norteamericana en los sesenta: “La nueva
izquierda —decía Rubin— surgió de la pelvis ondulante de Presley”.

8 El término “gesto discursivo” acomoda al estilo-Morrison: a mitad de camino
entre el cuerpo y la reflexión, en el lugar preciso donde se confunde el contenido de lo
expresado con la voluntad que puja por expresar.
9 Cuando Ed Sullivan decide finalmente llevar a Elvis Presley a su show televisivo,
el más popular desde mediados de los cincuenta, exige que las cámaras sólo capten la
figura del cantante desde la cintura para arriba, censurando lo más insinuante de Elvis.
Años más tarde llevará a los Doors a su programa, exigiéndoles antes del show que
modifiquen la letra provocativa de “Light my FIRE” (Enciende mi fuego). Morrison accedió, pero al grabar en vivo rompió el acuerdo y cantó, más enfáticamente que
nunca, la canción con sus letras originales. Nunca más fue invitado por Sullivan.
11 Los festivales-rock alcanzan en el 69 un hito con Woodstock y otros eventos
que reúnen a más de 200.000 asistentes en Estados Unidos, y con un remate trágico
en un recital de los Rolling Stones donde mueren cuatro personas, una de ellas asesinada
frente a las cámaras por un matón de los Hell Angels. En estos recitales hay mucho de
ritual pagano: destrucción de instrumentos en el escenario, abjuraciones, etc. En esto se
especializó el grupo rock The Who, con destrucción de guitarras, mucho psicodrama, y
volumen muy alto del sonido.

12 Albert Raisner, L’Aventure Pop (París: Editions Robert Laffont, 1973), p.

13 “Break on through to the other side” (“irrumpir hacia el otro lado”) es el
leitmotiv de uno de los primeros éxitos de los Doors; “take the highway to the end of
the night” (“toma la autopista hasta el final de la noche”); y en el tema “The End”
imágenes como “visit weird scenes incide the gold mine” (“visita escenas locas dentro
de la mina de oro”) y “ride the snake” (“cabalga sobre la serpiente”). Alguna vez
señaló, autobiográficamente, que “he estado experimentando los límites de la realidad…
tenía curiosidad por saber qué ocurriría”. Y en una autoentrevista que hace de prólogo
en una de sus obras poéticas póstumas, Morrison señala: “Si mi poesía pretende algo, es
liberar a la gente de las formas limitadas con que ve y siente”.
14 En Jim Morrison, The Lords and the New Creatures (Nueva York: Simon &
Schuster, 1987), p. 71.
15 Los antipsiquiatras ingleses en el 67 incorporan el rock a la temática de la
dialéctica de la liberación, y la politización en torno al rock crece por sincronía con la
revuelta negra, la resistencia a la guerra de Vietnam, y la crítica sociológica a la sociedad
opulenta.

16 Epílogo de la biografía citada de Hopkins y Sugerman, p. 378.
17 Citado por Jerry Hopkins y Danny Sugerman en la más completa biografía de
Morrison, No One Here Gets Out Alive (Nueva York: Warner Books, 1981), p. 107. En
el mismo libro los autores citan varias entrevistas que revelan el énfasis de Morrison en
el proyecto crítico en que pretendía inscribirse como músico de rock y como pensador.
18 Los Doors les deben a los Rolling Stones el efecto dionisíaco y apocalíptico
de la música en vivo —lo transgresor/seductor/repulsivo—. Mick Jagger es el primer nobeatle,
en el sentido de dramatizar la libertad musical como transgresión; es él, y no los
Beatles, el rechazado por los adultos: stonefuria vs. Beatlemanía. En los Stones aparecen
los primeros elementos claramente disolventes: la androginia, la primera muerte
por exceso de droga en el rock (Brian Jones), la violencia en los recitales, etc.
19 Jim Morrison, Wilderness (Nueva York: Vintage Books-Random House Inc.,
1989), p. 173.
20 The American Night (Nueva York: Vintage Books-Random House Inc.,

21 The Lords and the New Creatures (Nueva York: Simon & Schuster, 1987.

22 Jim Morrison, The Lords and the New Creatures, op. cit., p. 29.
23 Ibídem, p. 39. En el mismo texto, otro pasaje lúcido del voyerista: “El
voyerista, el peeper … es un comediante oscuro. Repulsivo en su oscuro anonimato, en
su invasión secreta. Compasivamente solo. Pero extrañamente capaz, mediante este
mismo silencio y transacción, de emparejarse desconocidamente con cualquiera dentro
del rango de su mirada. Esta es su amenaza y su poder” (p. 40). Y con la misma agudeza:
“Una posesión tenue, desprovista de riesgo, finalmente estéril. Con una imagen no hay
peligro a la puerta” (p. 48).

24 Lawrence Grossberg, “Rock and Roll in Search of an Audience”, en Popular
Music and Communication, edit. por James Lull (Newbury Park-California: Sage Publications,
1987), p. 192.

25 La industria discográfica post-Presley en los ’50 registró aumentos en las
ventas en Estados Unidos desde 277 millones de dólares en 1955 hasta 603 millones en
1959, todo esto explotando el mercado de consumo juvenil. En la década siguiente el
rock alcanzó niveles de ventas jamás soñados por la era del roncanrol, y en 1967 (año
de estrellato para The Doors) la industria discográfica estadounidense superó la marca
de venta de los mil millones de dólares, aumentando a 2 mil millones hacia 1973,
mientras el porcentaje correspondiente a la venta de discos de música clásica bajó del
25% en los ’50 al 5% a comienzos de los ’70. Todos los aspectos del negocio musical se
subordinaban a las campañas de ventas de discos: actuaciones en vivo, programas de
radio y televisión, entrevistas de la prensa, sesiones fotográficas, etc. (Véase al respecto
el artículo de Simon Frith, “The Industrialization of Popular Music”, en el libro editado
por James Lull ya citado, Popular Music and Communication, pp. 53-77.)
26 Tomado de la biografía citada de Jerry Hopkins y Danny Sugerman, op. cit.,
pp. 154-156.

27 Citado por Hopkins y Sugerman, op. cit., p. 211.


28 Citado por Hopkins y Sugerman, op. cit., p. 317.

29 Iain Chambers, “British Pop: Some Tracks from the Other Side of the
Record”, en Popular Music and Communication, op. cit., p. 242.


30 Este coqueteo con el peligro y con la muerte fue además una constante en
Morrison: el abuso de drogas y la costumbre que tuvo desde niño de jugar al equilibrista
al borde de los abismos. El impulso tanatológico era evidente en Morrison, y también
operaba como un dispositivo de caotización: la proximidad de una muerte tiene un
conocido efecto disolvente sobre las estructuras que norman la vida que la precede.

31 Albert Raisner, L’Aventure Pop (París: Editions Robert Laffont, 1973), pp.
142-143. Recordemos el conocimiento que Morrison tenía de Artaud a través del
Living Theatre, y las enormes coincidencias entre el paganismo de Morrison y el de
Bataille.

Ed. 12.06.09.