Saturday, May 02, 2009

Texto 03.

Departamento de Filosofía
Profesor: Jorge Henríquez M.
Nivel: Cuarto Medio.
Contenido: Texto 03.

Las Caoides.

1.-El Caos.

Ya Hegel había anticipado que en un principio el ser y la nada son una unidad. Constituyen entre sí una ecuación perfecta que carece de contenidos: un caos. Una totalidad perfecta. (Cp. La ley cero de la termodinámica y la segunda ley de esta teoría.)

El caos se define menos por su desorden que por la velocidad infinita por la cual se disipa toda forma apenas bosquejada. Es un vacío, pero no corresponde a la nada; es una virtualidad que contiene todas las partículas posibles y extrae todas las formas posibles que surgen para hacerlas desaparecer en seguida, sin consistencia ni referencia, sin consecuencia. Es una velocidad infinita de nacimiento y desvanecimiento
Pero en esta indeterminación y vacío surge una primera fractura en la Totalidad: la posibilidad de una diferencia entre el ser y la nada, el comienzo del devenir en que la indistinción entre ser y nada ha sido anulada. En el torbellino hay una línea, un pliegue que separa al ser de la nada; el ser es el despliegue , el poner en acto lo que contiene el pliegue. La nada es el repliegue, lo que no llegó a cristalizar, o bien es el despliegue sin final, como cuando al pelar una cebolla al fin nos quedamos sin nada.
Con el devenir, el ser y la nada inician su distanciamiento, su mutua negación y de esta lucha surge la realidad como expresión de la diferencia entre lo indeterminado y lo determinado, entre lo amorfo y lo singular, entre el desorden y el orden. (Cosmológicamente esto se expresa como la curvatura del espacio y la relatividad del tiempo.) Las interacciones son lo que hacen que la nada llegue a ser algo; en efecto, “para que haya organización es preciso que haya interacciones, para que haya interacciones es preciso que haya encuentros, para que haya encuentros es preciso que haya desorden (agitación, turbulencia).” (1)
Desde la distancia, la realidad nos parece continua, pero al hacer una aproximación vemos que tal continuidad es en verdad un torbellino, un infinito de singularidades o pliegues. ‘Singularidad’, porque cada pliegue es único e irrepetible. La posibilidad de aparición de un pliegue es ‘simple’= infinita y genérica, pero su probabilidad es compleja= local e inestable. Por ejemplo, el Universo se expande a través de una curvatura conformada por pliegues de espacio-tiempo. Lo real nos parece estable porque los pliegues generan consistencia, pero lo real es esencialmente un gran despliegue de inestabilidad.
El caos escapa a toda predicción posible, y por esto es que más que oponerse al orden, se opone al determinismo. Por ejemplo en física, un movimiento determinista es la trayectoria de una partícula que en un tiempo presente x marca el desarrollo para dicha partícula en un tiempo futuro y. Así por ejemplo, el lanzamiento de una pelota es calculable a partir de la posición original del lanzador. Pero hay casos más complicados en donde la evolución de la partícula es previsible pero no predecible. Como se dice en los institutos de meteorología: “se puede prever el tiempo que hará pero no predecirlo”. Edward Lawrence bautizó este fenómeno como el efecto mariposa: “El aleteo de una mariposa en Australia produce una tempestad algunos meses más tarde en Puente Alto”. Como se observa la causa del caos es la extrema sensibilidad a las condiciones iniciales; de allí viene su carácter no determinista.


(Revise apuntes de Tercero Medio en que se trata el concepto de caos en el contexto del paradigma de la complejidad.)

Cuando la diferencia entre lo que se despliega y lo que se repliega es clara, entonces hay un
principio de orden. Cuado esta diferencia es inestable, cuando hay in-diferenciación lo real es complejo e indeterminado; se le llama turbulencia y catástrofe (la forma adquiere mayor velocidad que el contenido). (Así también es un pliegue lo que separa a lo real de lo imaginario.)

2.-El Hombre
Ahora bien, si Nietzsche estuvo en lo correcto al anunciar la muerte de Dios, o sea si dios no existe, entonces el Hombre, nosotros somos caos. Antes del nacimiento de Cristo ya el poeta Lucrecio lo había sospechado: “algunas veces en tiempos y espacios indeterminados, la universal caída de los átomos es perturbada por una ligera desviación: el clinamen. El vórtice que de esto resulta permite la aparición del mundo, de todas las cosas naturales”.

“Ciertamente no hubo un designio por el que los átomos se colocaran en un orden particular, ni decidieron ellos qué movimiento debía hacer cada uno. Los átomos se dieron golpes de muchas maneras y fueron acarreados por su propio peso infinitas veces hasta el presente. Se han acostumbrado a moverse y a encontrarse de muchas maneras. Por esta razón resultó que luego de verse dispersados en todas direcciones a través de un tiempo muy vasto, y probando toda clase de combinación y movimiento, a la larga se unieron para formar grandes cosas, como la tierra, el mar, el cielo, y la generación de las criaturas vivientes.” (2)
Por mucho tiempo la turbulencia fue identificada con el desorden o ruido. Hoy se sabe que no es así. En efecto, mientras el movimiento turbulento aparece como irregular o caótico en una escala macroscópica, está por lo contrario esta turbulencia altamente organizada a nivel microscópico. Visto desde este modo, la transición desde la estabilidad del flujo universal hacia la turbulencia es un proceso de auto-organización. [Cp. Autopoiesis ] Parte de la energía del sistema, que en el flujo estable estaba en el movimiento térmico de las moléculas, está siendo transferida a movimiento microscópico organizado.
Los hombres procedemos del caos, duramos un instante y luego desparecemos en el caos.

Sin embargo, no todo está perdido. Por ejemplo el filósofo Deleuze sostiene que el hombre es Acontecimiento: el caos sufre una sección, un corte. Y en esa herida aparece, oh milagro!, una consistencia, una realidad que ha escapado del caos, aparece nuestra identidad. El acontecimiento es anterior a la distinción sujeto/objeto (y a todos los pares de opuestos con que el dualismo ha intentado pensar la realidad). El acontecimiento rompe la homogeneidad del ‘mundo verdadero’ cuya lógica sólo manejaba fórmulas para cosas estables.Por ello, no sirve la lógica binaria para pensar este tipo de entes.
Entendernos a nosotros mismos como acontecimiento quiere decir que no podemos ser reducidos a una ley determinista (como lo hace el mecanicismo); pero tampoco ser reducidos a un caos arbitrario (como lo hace el nihilismo). En lugar de entender al acontecimiento desde el determinismo, mejor intentar entenderlo en términos de inestabilidad, de horizonte temporal, de atractor fractal. Según Deleuze esto quiere decir que el acontecimiento está en un plano de inmanencia, y este plano es fractal porque nunca se llega al horizonte que se señala. Como aclaración, considere esta oposición entre un ‘principio geométrico’ y un ‘principio fractal’: para Euclides, el orden geométrico tiende a la linealidad, a la eliminación de lo irregular y discontinuo. Supone que las formas generales no son afectadas por la contingencia espacio-temporal, y estamos a un paso de declarar que el orden clásico de las formas es el resultado de una voluntad de modelamiento. Contrariamente el principio fractal (o ‘geometría fractal’), piensa que el carácter fractal de las formas está asociado a la indeterminación y la singularidad. Las irregularidades infinitesimales de los objetos efectivos, naturales no son reducidas analíticamente sino que tratadas cuantitativamente.
El acontecimiento surge del devenir. Los hombres vivimos en este devenir y allí es donde surgimos como acontecimiento.El devenir es el punto donde se relacionan, se unen lo simple y lo complejo, se mezcla el pasado, el presente y lo futuro. Por esto es que el devenir no está en el tiempo, es una espera infinita que ya ha pasado infinitamente. En los sistemas simples o estables, todas sus trayectorias convergen hacia un mismo atractor. Pero en los sistemas complejos o inestables se han descubierto atractores fractales (Mandelbrot) causantes de un comportamiento caótico para el que no es posible describir una trayectoria sino sólo un horizonte. Sin embargo por esto mismo un sistema caótico no debe ser entendido como el puro azar o el desorden.


Entendernos a nosotros mismos como acontecimiento quiere decir que los hombres somos relación, no somos cosas materiales ni un agregado mecánico de partes simples. No preexistimos al encuentro con el Otro, sólo somos en tanto que estemos ‘en relación con’..
Como acontecimiento fluctuamos en dos direcciones opuestas: hacia un estado de cosas actual, finito o hacia la pura virtualidad, lo infinito. En la virtualidad nada ocurre, no hay tiempo. En cambio, la actualidad ocurre en un instante. Como ejemplo de acontecimiento, considere el encuentro de dos hombres que miran la misma cosa, pero ven un objeto distinto cada uno de ellos ( una misma mujer para un observador x es atractiva sexualmente, mientras que para el observador y, esa mujer es mi querida madre). Este objeto es un acontecimiento.

3.-Las caoides.
Pero los hombres somos débiles y tendemos a olvidar que somos una suerte de anomalía en el caos. Es así que pedimos un poco de orden para protegernos del caos. No hay cosa que resulte más dolorosa, más angustiante que la pérdida de lo que amamos, de las ideas, de las cosas. Por este motivo nos asimos con fuerza a opiniones establecidas. En estas opiniones encontramos reglas, normas, un orden que nos protege. Nos formamos una opinión y la usamos como una especie de paraguas que nos protege del caos.
Pero el caos, para disgusto del orden establecido, tiene tres hijas: la ciencia, la filosofía y las artes. Curiosamente estas tres disciplinas quieren que rompamos el paraguas protector y nos sumerjamos en el caos. Las tres disciplinas proceden por crisis o sacudidas. La lucha contra el caos no puede darse sin afinidad con el enemigo, porque hay otra lucha que se desarrolla y adquiere mayor importancia, contra la opinión que pretendía no obstante protegernos del propio caos. Pero sólo a este precio se vence al caos: la lucha contra el caos no es más que la lucha más profunda contra la opinión, pues de la opinión procede la desgracia de los hombres, como lo anunció Buda hace ya tiempo.

Las realidades generadas por estas tres disciplinas se llaman caoides, porque es un caos que ha sido transformado para uso del hombre.
En un texto violentamente poético, Lawrence describe lo que hace la poesía: los hombres incesantemente se fabrican un paraguas que les resguarda, en cuya parte inferior trazan un firmamento y escriben sus opiniones; pero el poeta, el artista practica un corte en el paraguas, rasga el propio firmamento, para dar entrada a un poco del caos libre y ventoso para enmarcar en una luz repentina una visión que surge a través de la rasgadura, la noche estrellada de Neruda o la manzana de Cézanne o la silueta de Macbeth. Entonces aparece la multitud de imitadores que restaura el paraguas con un paño que vagamente se parece a la visión, y la multitud de glosadores que remiendan la hendidura con opiniones: es la comunicación. El artista, como se ve, pelea menos contra el caos que contra los tópicos de la opinión. El pintor no pinta sobre una tela virgen ni el poeta escribe sobre una página en blanco sino que la página y la tela están ya tan cubiertas de tópicos preexistentes, peestablecidos que hay primero que tachar, limpiar, incluso desmenuzar para hacer que pase una corriente de aire surgida del caos que nos aporte una visión iluminadora del caos. El arte efectivamente lucha con el caos pero para hacer surgir una visión que lo ilumine un instante. El arte pelea con el caos para arrebatarle las armas que dirige contra la opinión, para vencerla con armas de eficacia comprobada.



Después el filósofo, el científico el artista, regresan del país de los muertos.


3.1.-El científico regresa del caos con unas variables convertidas en independientes porque ha desacelerado la velocidad infinita del caos. Toma el científico un trozo de caos , lo pone en un sistema de coordenadas finitas a partir de las cuales un observador parcial forma un plano de referencia, que abarca desde las probabilidades locales hasta una cosmología global. Todo esto expresado en proposiciones.
A diferencia de la filosofía, la ciencia renuncia a lo infinito, a la velocidad infinita, para adquirir una referencia que pueda actualizar lo virtual. La filosofía sin renunciar a lo infinito le da una consistencia a lo virtual mediante los conceptos; la ciencia, en cambio, le da una referencia a lo virtual para actualizarlo mediante las funciones.
El plano de referencia en que opera la ciencia es como una detención del movimiento en una imagen. Es una desaceleración fantástica, y la materia se actualiza en virtud de esta desaceleración. Una función es una desaceleración. Reducir la velocidad equivale a poner un límite al caos; este límite forma una constante universal que no se puede superar. Y debajo del límite están las variables. El plano de referencia sólo contiene una relación entre valores de la variable.
El objeto de la ciencia no son, pues, conceptos sino funciones.Estas funciones operan como proposiciones. Las proposiciones se refieren a objetos. Y los objetos son construidos por la funciones.

3.2.-El artista vuelve con figuras estéticas, es decir, un plano de composición que si bien está hecho de materiales finitos realiza el milagro de hacer aparecer otra vez lo infinito. En la experiencia estética lo finito actualiza lo infinito. El arte toma un trozo de caos en un marco, para formar un caos compuesto, un caosmos como decía Joyce. El arte conserva, en el lienzo, en las palabras, y lo que conserva es un bloque de sensaciones: este bloque está compuesto de perceptos y de afectos; ahora bien, los perceptos ya no son percepciones porque no remiten a un objeto, y los afectos ya no son afecciones(sentimientos decimos en Chile): ya son independientes de las personas que alguna vez los experimentaron; las personas pasan por estos objetos y los objetos quedan; (el percepto es el paisaje de antes del hombre, en la ausencia del hombre; y los afectos son los devenires no humanos del hombre. –Cezanne: el paisaje es invisible porque cuanto más penetramos en él somos sustraídos del mundo objetivo pero también somos sustraidos de nosotros mismos. No se está en el mundo, se deviene con el mundo---). Las sensaciones, o sea un compuesto de perceptos y afectos, son seres que valen por sí mismos y exceden cualquier vivencia. Están en la ausencia del hombre porque el hombre es él mismo un compuesto de perceptos y afectos.

El artista crea bloques de perceptos y de afectos, y la única ley de la creación artística es que el compuesto se sostenga por sí mismo. Conseguir que se sostenga en pie por sí mismo es lo más difícil.
Y otra maravilla del arte: aun cuando el material durara sólo unos segundos, daría a la sensación el poder de existir y de conservarse en sí en la eternidad que coexiste con esta breve duración. Mientras el material dure, la sensación es eterna durante esos mismos instantes (Según Artaud, Van Gogh es el único pintor que nos hace olvidarnos que estamos ante una pintura. A Van Gogh no le sobra materia: toda la convierte en sensación. [cp. del film “Amadeus” la ocasión en que el emperador José II observa a Mozart el que sus obras contienen:’ too many notes, my dear Mozart’] .)


Los artistas son como los filósofos : tienen a menudo una salud precaria y frágil, pero no por culpa de sus enfermedades ni de sus neurosis, sino porque han visto en la vida algo demasiado grande para cualquiera, demasiado grande para ellos, y que los ha marcado discretamente con el sello de la muerte. Pero este algo es también la fuente o el soplo que los hace vivir a través de las enfermedades.

3.3.-El filósofo retorna con el concepto: el concepto está en el plano de inmanencia de que hablaba Deleuze más arriba. Por eso sólo la filosofía puede manipular conceptos. El concepto se define por la inseparabilidad de un número finito de componentes heterogéneos recorridos por un punto en sobrevuelo absoluto, a velocidad infinita.El concepto expresa sólo acontecimientos, no cosas ni ideas ni esencias. El concepto no se refiere a nada, no es una proposición : es autorreferencial, se plantea a sí mismo y plantea su objeto. Es conocimiento, sí, pero conocimiento de uno mismo, y lo que conoce es el acontecimiento puro, que no se confunde con el estado de cosas en el que se encarna. La filosofía debe deslindar siempre un acontecimiento de las cosas [cp Maturana: acto de distinción/ diferencia estructura y organización].
La ciencia y la filosofía siguen dos sendas opuestas, porque los conceptos filosóficos tienen como consistencia acontecimientos, mientras que las funciones científicas tienen como referencia estados de cosas. La filosofía usa los conceptos para extraer del estado de cosas un acontecimento consistente, una sonrisa sin gato: la ciencia, en cambio, usa las funciones para actualizar el acontecimiento, o sea, convertirlo en cosa referible.
El concepto sirve para ‘salvar al infinito’, o sea para darle consistencia, Un concepto no es una idea. Ésta es una ficción, en el mejor de los casos un instrumento que el concepto usa para llegar a un ser real, o sea, a un acontecimiento. El concepto surge allí donde la filosofía ha seccionado el caos dándole consistencia, o sea realidad. El concepto es una realidad caoide: remite a un caos que se ha vuelto consistente. Aplicado al hombre mismo, el concepto es lo que permite que el acontecimiento salga del caos, y que pueda constituir al hombre. Pero también el concepto es lo que impide que el acontecimiento que somos se agote en un estado de cosas fijo y final. Cuando me estoy convirtiendo en cosa, el concepto me devuelve hacia el devenir (que es virtualidad y no actualidad) y puedo volver a empezar. Con el concepto el hombre se está creando continuamente.

Mallarmé aludía a esto con la imagen del Mimo, porque éste esquiva el estado de cosas y se limita a una alusión perpetua sin romper el hielo. Semejante mimo no imita la vivencia sino que construye el concepto. No busca la función de lo que sucede, sino que extrae el acontecimiento, o sea la parte que no se deja actualizar, la realidad del concepto. No desear lo que ocurre, con esta falsa voluntad que se queja y se defiende, y que se pierde en la mímica, sino llevar la queja y la furia hasta el punto en el que se vuelven contra lo que ocurre, para establecer el acontecimiento, extraerlo, sacarlo en el concepto vivo. La filosofía no tiene más objetivo que volverse digna del acontecimiento. El mimo es el concepto efectuando el movimiento infinito.

Difícil trazar la línea divisoria entre arte y filosofía.

Considere aun lo que un payaso de circo le dijo a Jodorowsky:

“Soy un payaso. Un ser imaginario que vive en un universo onírico: el circo. Sin embargo los sueños son reales como símbolos. El espectáculo se desarrolla en una pista circular, un mandala, una representanción del mundo, del universo. La misma puerta es a la vez entrada y salida. Eso quiere decir que la meta es el origen. Sales de la nada, llegas a la nada.
Cuando vemos en la pista trabajar hermosos caballos, elefantes, perros, pájaros y toda clase de fieras, comprendemos que la conciencia puede domar nuestra animalidad, no reprimiéndola, sino dándole oportinudad de realizar tareas sublimes. La bestia, al saltar a través de un aro en llamas, vence el temor a la perfección divina y se sumerge en ella. […] El lanzador de cuchillos nos enseña que sus hojas metálicas, símbolos del verbo, son capaces de circundar a la mujer atada en el blanco, símbolo del alma, sin herirla. Las palabras son dominadas para eliminar de ellas la agresividad y ponerlas al servicio del espíritu: la finalidad del lenguaje es mostrar el valor del alma, valor que es entrega absoluta. El tragador de sables nos muestra en qué manera total, sin ofrecer ningún obstáculo, se acata la voluntad divina. La menor oposición causa heridas mortales. La obediencia y la entrega son la base de la fe. El hombre que escupe llamas simboliza a la poesía, lenguaje iluminado que viene a incendiar al mundo… Los contorsionistas nos enseñan cómo liberarnos de nuestras formas mentales anquilosadas: no se debe aspirar a nada permanente. Hay que construir con valentía en la impermanencia, en el cambio continuo. Los trapecistas nos invitan a elevarnos de nuestras necesidades, deseos y emociones para conocer el éxtasis de las ideas puras. Ellos evolucionan hacia lo celestial, la mente sublime. Los prestidigitadores nos dicen que la vida es una maravilla: no hacemos los milagros, aprendemos a verlos. Los equilibristas muestran cuán peligrosa es la distracción: lograr el equilibrio significa estar por completo en el Presente. En fin, los malabaristas nos enseñan a respetar los objetos, conocerlos profundamente, ubicando el interés en ellos y no en nosotros mismos. Gracias al afecto y dedicación, aquello al parecer inanimado, nos puede obedecer y enriquecer.” (3)



Notas:

(1) E Morin: El método. La naturaleza de la naturaleza.
(2) Lucrecio: De rerum natura.
(3) A. Jodorowsky: La danza de la realidad.


Bibliografía:
Deleuze/Guattari: Qué es filosofía.
I. Prigogine.: Entre el tiempo y la eternidad.
Lucrecio: De rerum natura.
M. Colodro: Reflexiones sobre el caos.
A. Spire: El pensamiento de Prigogine.


29.04.09. Saturn.

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